web
analytics

Ok

By continuing your visit to this site, you accept the use of cookies. These ensure the smooth running of our services. Learn more.

  • Entrevista a Aldo Civico, autor del libro "las guerras de Doblecero"

    Historia oculta de las Auc de Castaño contada por 'Doblecero', su mano derecha, revela nuevo libro

    A través de Rodrigo García, el paramilitar que replicó el modelo de las autodefensas en Medellín, el antropólogo Aldo Civico da a conocer detalles de la guerra interna del grupo.
    Ver reflejada en las calles de Medellín, de alguna manera, la guerra que se vivía en los 90 en Palermo (Sicilia), llevó al antropólogo Aldo Civico a internarse en los vericuetos del conflicto colombiano y la lógica de las autodefensas de Carlos Castaño.

    A través de Rodrigo García, el capitán del Ejército que adoptó el alias de 'Doblecero' y que por años fue la mano derecha del desaparecido jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia, Civico relata en el libro Las guerras de 'Doblecero', de Intermedio Editores, intimidades del grupo armado y de sus protagonistas.
    Pero también deja un testimonio histórico para que "los jóvenes colombianos sepan de dónde viene el presente de su país".

    ¿Por qué escogió a 'Doblecero' para hacer su libro?

    Me parece que fue alguien que vivió todas las dinámicas de la guerra al frente del Bloque Metro.

    Me impactó que era alguien totalmente metido en la guerra, radical frente a sus ideales (...) creo que por eso era llamado un paramilitar 'pura sangre'.

    ¿No era mejor hablar con las víctimas?

    Mi idea principal era recoger los testimonios de los desplazados, porque quería ver como reinventaban su vida después del trauma. Así terminé en el oriente antioqueño, después me interesó hablar con los paramilitares, a través de un periodista me pude contactar con 'Doblecero' y terminé enfocando mi investigación en los victimarios.

    ¿Cómo pactan el libro?

    Todo nace cuando me escribe un correo en el que me cuenta lo que estaba pasando entre los hermanos Castaño por un problema de mujeres, que después matan. Hablamos de hacer algo sobre las memorias de él y empezó a contarme cosas para que me diera cuenta cómo era la guerra desde adentro, pero cuando lo matan, reviso los correos y me doy cuenta de que todos los protagonistas
    de la historia ya estaban muertos y pensé que él estaría de acuerdo en publicarlo.

    ¿Cómo recibió la muerte de 'Doblecero?

    No puedo negar que me impactó saber que lo habían asesinado (mayo del 2004 en Santa Marta), a pesar de que no compartía sus ideales. 'Doblecero' me permitió entender lo que es criarse en
    medio de la guerra y descubrir mucho de la naturaleza humana.
    Cuando muere, y me doy cuenta de que me impacta, pienso que también hay alternativas frente a la guerra (...) Si fuéramos más
    allá y tuviéramos diálogos significativos podríamos hallar soluciones.

    ¿Le sirvió estar lejos del conflicto colombiano para comprenderlo?

    Ser extranjero me ha ayudado mucho, sobre todo porque los actores armados se sentían libres de contarme cosas, porque sabían que yo no tenía vínculos y era imparcial.

    ¿Se puede conocer algo de los Castaño a través del libro?

    Hay mucho de Carlos y Fidel Castaño. Pero también de la dinámica interna de 'don Berna', el nacimiento del Bloque Nutibara y la unión que Castaño quiso hacer con el Bloque Metro. Son
    detalles que develan la realidad de estos hombres.

    ¿Cree que ha valido la pena la la desmovilización?

    Le dio la oportunidad a muchos jóvenes de tener otra vida, de descubrir que hay otras formas diferentes a la violencia, aunque haya sido insuficiente porque se pensó que era la solución al
    problema y los recursos son muy limitados para poder controlar las nuevas bandas. Ese es el resultado no resuelto de la desmovilización.
    Escritor, asesor y consultor
    Aldo Civico es antropólogo y actualmente dirige el Centro para la Resolución de Conflictos Internacionales de la Universidad de Columbia (Nueva York), donde también es investigador.

    Durante la campaña presidencial de Estados Unidos, en el 2008, fue consejero informal para el hemisferio occidental de los candidatos Hillary Clinton y Barack Obama.

    El conocimiento sobre el conflicto colombiano lo adquirió durante su permanencia en Medellín, cuando hacía un doctorado (2001) en antropología. Civico también tiene especialización en ciencia política de la universidad de Bolonia, Italia, su país natal.

    Gracias a las investigaciones y el seguimiento que hizo de la situación de Colombia, entre el 2005 y el 2007 fue uno de los facilitadores en el diálogo entre el gobierno colombiano y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (Eln). Y desde el 2007 es consultor en estrategias de resolución de conflictos para USAID Colombia y el Departamento de Estado de Estados Unidos.


     T omado de el tiempo dic 19 2009    REDACCIÓN JUSTICIA

  • entrevista Bloque Metro por agencia Reuters

    Paramilitares colombianos se alistan para la guerra

    Luis Jaime Acosta *

     

    Un grupo de jóvenes con sus cabezas semirrapadas, rostros pintados y vistiendo uniformes amarillos, recibe instrucción militar y entrena tácticas de guerra en la selva del noroeste de Colombia.

    Son los futuros a combatientes de un bloque regional de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), la mayor organización paramilitar de ultraderecha que combate a la guerrilla izquierdista en el marco del conflicto interno colombiano, que dejó 40.000 muertos en la última década.

    Pese a la crisis interna que atraviesan los paramilitares, que pretenden desligar sus actividades del narcotráfico en una aparente estrategia, según analistas, para facilitar en el futuro una posible negociación de paz con el gobierno, siguen preparándose para la guerra.

    Líderes de estos escuadrones aseguran que el presidente Alvaro Uribe, quien fue acusado en su campaña electoral de tener nexos con los paramilitares, ordenará una inclemente persecución militar para quitarse ese rótulo, pese a que nunca estuvo vinculado con esas organizaciones ilegales.

    Pese al temor de esa acción del mandatario, quien asumió el 7 de agosto, y a que recientemente el ejército mató a 24 de sus combatientes en el noroccidental departamento de Antioquia, los paramilitares dicen que no se enfrentarán al Estado.

    Veinte jóvenes de entre 18 y 26 años cargan un madero con la forma de un fusil y portan botas de caucho.

    Hombres armados con lanza misiles, ametralladoras, fusiles y granadas vigilan de cerca a los alumnos, quienes son sometidos a diario a extenuantes jornadas de pruebas de resistencia física en la selva y en potreros a cielo abierto.

    “La intención de esta escuela es capacitar los hombres tácticamente y operacionalmente para combatir al enemigo. De aquí salen los hombres directamente al área de combate, hay que entrenarlos fuertemente”, dijo a Reuters el comandante Bryand, uno de los instructores del Bloque Metro de las ACCU.

    A la organización ilegal llegan mensualmente decenas de campesinos, ex miembros de las Fuerzas Militares y guerrilleros desertores que quieren formar parte de los paramilitares. Todos son sometidos a una prueba física y sólo los mejores se quedan, los demás deber irse, según Bryand.

    El instructor, quien lucía un uniforme de camuflaje, cubría su rostro con un pañuelo y portaba un fusil, dijo haber preparado a miles de combatientes.

    Los alumnos se arrastran entre el pasto empuñando fusiles de madera, brincan de izquierda a derecha y gritan simulando un combate con los guerrilleros, sus enemigos acérrimos.

    Algunos combatientes irán a la ciudad de Medellín, en donde el Bloque Metro de las ACCU busca a expulsar a las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), otros se desplazarán a campos en donde también combaten con los rebeldes.

    Confían en superar la crisis

    Aunque de acuerdo con los jefes paramilitares muchos jóvenes ingresan por convicción, según sociólogos otros se incorporan presionados por el desempleo y la miseria.

    Los paramilitares ofrecen uniforme a los combatientes, un arma, alojamiento, comida y un salario que puede alcanzar los 300 dólares mensuales. Algunos de los incorporados aseguran que los “paras”, a diferencia de la guerrilla, “si cumplen”.

    “Yo he decidido entrar a las autodefensas como combatiente porque ya hemos estado muy cansados del accionar de la guerrilla y la guerrilla nos ha golpeado mucho al pueblo colombiano, sobre todo a nosotros los campesinos”, dijo Javier, un patrullero de 24 años.

    “Uno desde que viene aquí viene con la idea de aportar un grano de arena para ver si algún día vemos a Colombia en paz y ahí nos ponemos la meta de morir hasta en la guerra por lograr esa paz que tanto hemos pedido los colombianos”, agregó.

    Con unos 10.000 combatientes en todo el país, los paramilitares atraviesan una crisis que llevó a la disolución en julio de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que agrupaba a todos los escuadrones ilegales armados en una especie de federación liderada por Carlos Castaño.

    Los paramilitares son acusados de contar con el apoyo de algunos sectores de las Fuerzas Armadas y de financiarse, además del narcotráfico, con aportes de ganaderos, terratenientes y comerciantes perseguidos por la guerrilla.

    Sentado en un improvisado quiosco, cerca del sitio donde se entrenan los futuros combatientes, el comandante “Rodrigo”, un hombre cercano a Castaño y quien dirige el Bloque Metro que opera en Medellín y Antioquia, confía en superar la crisis.

    El jefe paramilitar, quien porta un fusil de asalto, viste uniforme de camuflaje y botas militares, no permite que ninguna cámara grabe su rostro, para evitar ser identificado.

    “Rodrigo”, reconoció implícitamente que los paramilitares buscan un reconocimiento político y limpiar su imagen ante la comunidad nacional e internacional.

    “En la vida, en la política y en la guerra nada se regala, las cosas se ganan, nosotros nos vamos a ganar nuestro puesto, no queremos que nos den nada, no queremos nada regalado porque no somos serviles de la oligarquía ni trabajadores de las Fuerzas del Estado”, afirmó.

    Escoltado por dos hombres de confianza, “Rodrigo” también conocido con el apodo de “Doble Cero”, dijo que pese a la decisión de no recibir aportes del narcotráfico continuarán combatiendo a la guerrilla y advirtió que solo dejarán las armas cuando lo hagan los rebeldes.

    Urbanización del conflicto

    “Más vale que seamos poquitos pero honrados, que muchos y corrompidos por el narcotráfico, es que el narcotráfico lo corrompe todo y con corrupción no hay norte político ni ideología”, comentó mientras acariciaba a Pipo, un perro negro que siempre lo acompaña.

    Con esa decisión los paramilitares estarían dando ventajas a las FARC, que obtienen millonarios recursos del narcotráfico, según analistas. Esos recursos les permitió duplicar sus combatientes en los últimos dos años a los paramilitares.

    “Doble Cero” empezó el proceso para expulsar a la guerrilla de sectores pobres de Medellín y aseguró que además han extendido la guerra urbana a otras ciudades como Bogotá, Cali, Barranquilla y Barrancabermeja.

    “Nos entronizamos en las ciudades para neutralizar el accionar de las guerrillas y para ir generando el regreso al campo de todos los campesinos que están en los cinturones de miseria”, afirmó.

    Medellín, capital del departamento de Antioquia, es la tercera ciudad más poblada de Colombia con unos dos millones de habitantes y es un importante centro empresarial e industrial. Actualmente es el centro urbano con mayor control paramilitar.

    El Bloque Metro, dice que controla un 80 por ciento de los sectores pobres de la ciudad, construidos en las laderas de empinadas montañas a las que llegó un equipo de Reuters.

    Desde un barrio el oriente de Medellín, desde donde se divisa toda la ciudad, jóvenes armados con fusiles, pistolas, carabinas, ametralladoras y escopetas, patrullan el sector.

    Sobre varias paredes de humildes casas se lee “Somos las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, Bloque Metro”. Las viviendas están cerca de cultivos de plátano, café y naranjas.

    Para los pobres que habitan el sector bajo control de los paramilitares son normales las demostraciones de poder militar de jóvenes que visten trajes de camuflaje o deportivos color negro y cubren sus rostros con pasamontañas.

    Todos los combatientes que patrullan esta zona recibieron instrucción militar en la escuela del Boque Metro.

    Los combates en la zona son frecuentes y la guerrilla ha tratado de retomar el control del sector, al que se llega caminando a través de empinadas escaleras de cemento.

    “La función es combatir la guerrilla de las FARC y del ELN, que en este momento los tenemos a todos los lados de esta zona donde estamos”, dijo Richard, el comandante de la zona mientras empuñaba un fusil M-16 de fabricación estadounidense.

    “La meta de nosotros es acabar con ellos para poder vivir bueno por aquí. Nosotros estamos dispuestos a llegar hasta la muerte”, concluyó mientras miraba el horizonte y sonaba música a todo volumen proveniente de un radio de una de las casas.

    * Reuters, 29 de agosto de 2002.

  • Libro : genealogias colombianas de Julio Cesar Garía Vásquez

     

    Transcripción del aparte correspondiente del libro GENEALOGÍA COLOMBIANA VOLUMEN V  escrito por el Ingeniero    JULIO CÉSAR GARCÍA VÁSQUEZ.

    http://www.interconexioncolombia.com/documentos/genealogia/

    1537

    22.0 ÁLVARO URIBE VÉLEZ Y EL PARAMILITARISMO EN EL

    SUROESTE DE ANTIOQUIA

    22.9- DON BERNA CONTRA EL BLOQUE METRO DE LA ACCU

    Finalmente las AUC principalmente con el Bloque Cacique Nutibara al

    mando de Diego Fernando Murillo Bejarano alias “Don Berna”, que como

    ya explicamos desde 1983 fue el número uno o dos de la Oficina de

    Envigado y con el Bloque Central Bolívar, combatieron a muerte al Bloque

    Metro, los ataques se iniciaron en agosto de 2003 y se desarrollaron

    durante 5 meses, en ese proceso muchos miembros del Bloque Metro,

    fueron desertando a otros bloques, dando de baja del orden de 500

    combatientes, asolando toda la región y desplazando a sus pobladores, a

    finales de 2003 lo tenían replegado hacia San Roque (Antioquia). Ya casi

    vencido el Bloque Metro, fue atacado en San Roque directamente por los

    Bloques Cacique Nutibara, Central Bolívar, Calima, Mineros, Suroeste,

    Occidente, con más de 2800 combatientes, los reductos del Bloque Metro

    que no murieron en los combates en octubre de 2003, se unieron a los

    bloques Cacique Nutibara, Central Bolívar, Héroes de Granada, Mineros y

    se desmovilizaron en la negociación que posteriormente adelantaron con

    el gobierno.

    “Doble Cero” que había perfeccionado su formación militar en el ejército

    norteamericano, recibió ayuda del gobierno de los Estados Unidos, fue

    llevado a Panamá, estos le exigían que declarara contra Carlos Castaño y

    el no aceptó traicionarlo, perdió la protección de Estados Unidos, regreso

    a Santa Marta. A “Doble Cero” lo ubicaron por un mensaje que le envió a

    su esposa a través de un beeper, le comenzaron a hacer inteligencia y lo

    hallaron en Santa Marta, donde fue asesinado por la espalda el 28 de

    mayo de 2004 (1 ½ meses después de Carlos Castaño), recibiendo cinco

    balazos en la cabeza, propinados por un sicario del Bloque Tayrona que

    cumplía ordenes de “Don Berna”, tal como lo declaro el ex paramilitar

    Willinton Buenhaber Mora, alias “Willy”.

    Es muy curioso, que el gobierno Uribe, con su glorioso Ejército Nacional,

    que sabía y conocía exactamente los sitios de Antioquia, donde 2800

    combatientes de las AUC liberaban una guerra a muerte con los 1000

    combatientes del bloque Metro de la ACCU que siempre habían combatido

    a la FARC y al ELN, no movieran un dedo para actuar. El Ejército Nacional

    perfectamente podía cogerlos infragantes en el combate y detener al total

    de los 3800 combatientes (sumando los de las AUC y los de ACCU), que

    actuaban por fuera de ley, con lo cual hubiera tenido un gran avance en la

    Seguridad Democrática, adicional al hecho que se hubieran salvado de

    morir en esa guerra, las más de 500 personas colombianas al servicio del

    Bloque Metro de las ACCU y que habían estado dispuestas siempre a

    combatir a la FARC.

    En El Colombiano de Medellín, fue publicado:

    LA OTRA HISTORIA DEL ATAQUE A ALIAS RENÈ (respuesta al

    comentario de felipe)

    El Colombiano, Medellín, lunes 5 de noviembre de 2007

    La otra historia del ataque a alias René

    1538

    Hablan dos testigos del plan con el que se intentó asesinar al paramilitar.

    "La emboscada falló y René mató a hombre de confianza de Ernesto

    Garcés".

    Aseguran que el ataque de 2003 lo organizó y lo ordenó alias Doblecero

    De guerrillero a temido paramilitar del Suroeste

    Alcides de Jesús Durango, alias René o El Indio, fue carnicero de

    pueblo y mando urbano de una pequeña facción del frente 34 de

    las Farc. Pero a mediados de los noventa se entregó, con su

    escuadra, a las entonces Autodefensas Campesinas de Córdoba y

    Urabá (Accu).

    Poco tiempo después alias René, bajo el mando de Carlos Mauricio

    García Fernández, alias ‘Doblecero’, se integró al bloque Metro,

    conformado con pequeñas unidades militares que salieron de los

    grupos del Occidente, Nordeste y Suroeste de las autodefensas en

    Antioquia. Los frentes Suroeste y Occidente, al mando de alias

    René y alias Memín, fueron, en principio, estructuras de las Accu

    dependientes de ‘Doblecero’ quien las dotó de armamento y las

    entrenó. Pero luego pasaron al mando del bloque Élmer Cárdenas

    y más tarde, en 2002, quedaron a órdenes de Vicente Castaño.

    Por eso alias René era considerado uno de los “mandos medios

    históricos” de las autodefensas. En el Suroeste de Antioquia dejó

    una leyenda negra por los crímenes y violaciones que sus víctimas

    le atribuyen.

    ALCIDES DE JESÚS DURANGO

     

    RODRIGO FRANCO, 'DOBLECERO', uno de los golpes

    que determinaron el inicio de su derrota en la guerra que libró su bloque

    Metro contra los bloques de

    VICENTE CASTAÑO y DIEGO FERNANDO

    MURILLO

    , alias DON BERNA.

    Aprovechando la información privilegiada que le había dejado ser parte de

    los mandos de los paramilitares en el Suroeste de Antioquia, cuando

    estaban bajo órdenes de '

     

    DOBLECERO', alias RENÉ secuestró a las

    esposas de los comandantes del bloque Metro del corregimiento Versalles

    y de los municipios de La Ceja, Rionegro y Guarne.

    RENÉ

     

    DOBLECERO' no se rendían y aceptaban cambiarse al bando de los

    paramilitares de

    VICENTE CASTAÑO y DON BERNA.

    "Así sufrió

    RODRIGO su primera derrota cuando más de una cuarta parte

    del bloque Metro amaneció un día a órdenes de

    DON BERNA, gracias a

    RENÉ

     

    RENÉ, con sus políticas, los contactó en

    Medellín y urdió el plan para matar a

    RENÉ y desestabilizar (en el

    Suroeste de Antioquia) un fortín financiero de

    VICENTE CASTAÑO".

    Esa es la versión que sobre el ataque a alias

    RENÉ tiene uno de los

    hombres que más cerca estuvo de

    CARLOS MAURICIO GARCÍA

    FERNÁNDEZ

    , conocido entre los paramilitares con las chapas de

     

    SERGIO

     

    , 'DOBLECERO' o RODRIGO FRANCO.. Por eso RODRIGO, ya casi al final de sus fuerzas, conociendo el

    malestar de algunos hombres de

    amenazó con matar a los rehenes si los comandantes de

    '

    , alias RENÉ, le propinó al jefe

    paramilitar alias

    G

     

    ENEALOGÍA COLOMBIANA VOLUMEN V JULIO CÉSAR GARCÍA VÁSQUEZ

    1539

    Otro testigo que participó en el plan criminal contra

    RENÉ, en mayo de

    2003, explicó que además de cobrarse la traición, '

    DOBLECERO' quería

    recuperar el control de la zona del Suroeste, que había perdido a manos

    de las que eran sus tropas y quedaron al mando de

    VICENTE CASTAÑO.

    A ello se sumó que los excesos de poder de alias

    RENÉ presionaron la

    deserción de varios de sus hombres. "Un grupo de cinco mandos de

    sección y escuadra, con unos 10 patrulleros, desertaron, guardaron sus

    dotaciones e hicieron contactos a través de un tío (

    FERNANDO

    QUIJANO

    ) de la esposa de 'DOBLECERO'".

     

    QUIJANO

     

    ERNESTO GARCÉS SOTO (ver nota anexa). Entre los

    paramilitares de '

    DOBLECERO' QUIJANO era conocido con el seudónimo

    de '

    PEDRO'. A él, según los testigos consultados, lo asesinaron el 31 de

    octubre de 2003 como represalia por su participación en el plan criminal

    contra alias

    RENÉ.

    Estos testimonios controvierten las sindicaciones, difundidas hace cuatro

    semanas, según las cuales los autores intelectuales del ataque a alias

    RENÉ

     

    ERNESTO GARCÉS SOTO.

    Según uno de los testigos consultados,

    JOSÉ ORLANDO MONCADA alias

    TASMANIA

     

    DOBLECERO'.

    Para ejecutar el plan contra alias

    RENÉ "solo hacía falta un piñón para el

    engranaje y era convencer a la tropa entera y fue entonces que se hizo el

    contacto con

    TASMANIA, quien manejaba la tropa que estaba en la vía a

    Urrao (Antioquia)".

    En recientes declaraciones, alias

    TASMANIA aceptó su participación en el

    plan para asesinar a alias

    RENÉ.

    Hoy la justicia trata de establecer si es cierta la versión de alias

    TASMANIA

     

    ÁLVARO URIBE y al empresario cafetero

    ERNESTO GARCÉS SOTO

     

    RENÉ.

    Las supuestas presiones provinieron, según

    TASMANIA, del magistrado

    auxiliar de la Corte Suprema de Justicia

    IVÁN VELÁSQUEZ y

    funcionarios de la Fiscalía General de la Nación.

    La Corte Suprema y el mismo magistrado auxiliar reclamaron respeto a la

    imparcialidad e independencia de sus actuaciones en el caso y

    VELÁSQUEZ

     

    ERNESTO GARCÉS.

    El presidente

    URIBE, en reciente entrevista a este diario, dijo estar

    dispuesto a colaborar con la investigación, pero exigió transparencia y

    reclamó "medios probatorios lícitos y decentes".

    negó haber ofrecido beneficios al paramilitar TASMANIA, y

    a su familia, a cambio de informaciones que tuviesen como objetivo

    involucrar al Presidente y al cafetero

    , como autores intelectuales del ataque contra

    el paramilitar

    según la cual recibió ofertas de mejores condiciones

    carcelarias y protección, y traslado al exterior de su familia, si involucraba

    en su versión al presidente

    sí estuvo en contacto con los hombres que ejecutaron esa

    acción militar instigada por '

    serían el presidente de la República, ÁLVARO URIBE VÉLEZ, y el

    empresario cafetero

    era el administrador general de las fincas del hacendado

    cafetero

    G

     

    ENEALOGÍA COLOMBIANA VOLUMEN V JULIO CÉSAR GARCÍA VÁSQUEZ

    1540

    Más detalles

    Uno de los testigos, que acompañó a '

    DOBLECERO' a lo largo de sus

    años como paramilitar pero también en otras esferas de su vida privada,

    precisó que el ataque fue planificado totalmente por '

    DOBLECERO' con

    cerca de 10 hombres que estaban resentidos por los excesos y malos

    tratos que alias

    RENÉ les daba a quienes estaban a su mando.

    "

    RODRIGO ('DOBLECERO') me había comentado personalmente que

    tenía algo entre manos con unos disidentes de

    RENÉ y luego se supo en

    las noticias internas de las Autodefensas que un grupo de

    RENÉ había

    atentado contra él", narró el amigo y asesor de '

    DOBLECERO'.

    La emboscada finalmente se cumplió en alrededores del municipio de

    Concordia, en la vía al sitio El Concilio. El grupo disidente de

    RENÉ

    disparó un rocket (cohete) y fusiles contra una camioneta, "la primera de

    dos que avanzaban".

    Este testigo sostuvo que

    RENÉ iba en la camioneta de atrás y alcanzó a

    escapar, pero el otro precisó que

    RENÉ no estaba en el convoy, porque el

    plan se filtró.

    Según las fuentes, tras salvarse del ataque, y en represalia, alias

    RENÉ

    ordenó el asesinato del tío de la esposa de '

    DOBLECERO', empleado de

    confianza de

    ERNESTO GARCÉS SOTO. FERNANDO QUIJANO

    ('

    PEDRO') "era como un hijo para GARCÉS. Es decir que el odio visceral

    que siente don

    ERNESTO GARCÉS por alias RENÉ nació con

    posterioridad a ese atentado".

    Esa muerte y ese resentimiento explican, en parte, los miedos de alias

    RENÉ

     

    ALBERTO URIBE SIERRA,

    padre del presidente

    ÁLVARO URIBE. GARCÉS también le habla al oído

    al Presidente Uribe desde muy joven, en especial a partir del asesinato de

    su padre, por parte de la guerrilla de las Farc, en junio de 1983.

    De ahí los temores que alias

    RENÉ le manifestó al alto comisionado de

    Paz,

    LUIS CARLOS RESTREPO, durante su estadía en Santafé de Ralito,

    donde se llevaron a cabo los diálogos entre el Gobierno y las

    Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).

    RENÉ se escapó de Ralito sin

    haberse presentado, días antes (el 30 de enero de 2005), a la

    desmovilización del bloque Suroeste de las Auc, del cual era jefe militar.

    Hace veinte días el alto comisionado de Paz aseguró a medios

    venezolanos e internacionales que alias

    RENÉ le manifestó en 2004 que

    no se desmovilizaba por temor a que el presidente

    ÁLVARO URIBE y el

    hacendado

    ERNESTO GARCÉS lo asesinaran. "Tuve una reunión con él

    (

    RENÉ) a finales de 2004, él fue a esa reunión presionado por VICENTE

    CASTAÑO

    , porque no quería hablar conmigo y en esa reunión él me dijo

    que no confiaba en el Gobierno", agregó

     

    LUIS CARLOS RESTREPO.

    El 19 de junio pasado, efectivos de la Policía Nacional capturaron a

    ALCIDES DE JESÚS DURANGO

     

    , alias RENÉ, en la finca La Nueva, del

    corregimiento El Cedro, en jurisdicción del municipio de Mutatá, Urabá

    antioqueño. El ex jefe paramilitar se entregó sin oponer resistencia y hoy

    frente al hacendado cafetero ERNESTO GARCÉS SOTO, quien fue

    amigo personal del ganadero y caballista

    G

     

    ENEALOGÍA COLOMBIANA VOLUMEN V JULIO CÉSAR GARCÍA VÁSQUEZ

    1541

    se encuentra recluido en la Cárcel Nacional Bellavista.

    Depende del prisma

    Uno de los testigos consultados sostuvo que meses antes del ataque a

    RENÉ

     

    DOBLECERO' solicitaba

    condiciones para un eventual acuerdo de paz con el bloque Metro,

    entonces disidente del proceso de diálogo en Santafé de Ralito.

    La otra fuente sostuvo que la carta se la entregó

    ERNESTO GARCÉS al

    Presidente, en su finca de Rionegro. Sin embargo,

    GARCÉS SOTO negó

    haber llevado esa carta al Presidente y dijo que sí se reunió en enero de

    2003 con Uribe, "pero para llevarle un mensaje de

    ÁLVARO LEYVA" (ver

    nota anexa).

    "Los que no conocen los entresijos del asunto (...) suponen que como

    ERNESTO GARCÉS SOTO

     

    ALBERTO (URIBE), y había estado en

    Palacio en las semanas anteriores, pues deducen que ese ataque contra

    RENÉ

     

    DOBLECERO'.

    El choque de trenes del último mes, entre los magistrados de la Corte

    Suprema de Justicia, que defienden y reclaman independencia y respeto,

    y el presidente

    ÁLVARO URIBE, que exige equilibrio y garantías del

    sistema judicial, tiene origen, según la versión de estos testigos, en la

    interpretación que los investigadores judiciales están haciendo de los

    hechos. Un análisis que merece de las partes el mayor rigor y buena fe

    posibles, para que el país conozca la verdad de lo ocurrido, sea la que

    sea, sobre todo si están en juego la credibilidad y la autoridad de

    instituciones superiores del Estado.

    Origen de la polémica

    Las supuestas presiones a

    JOSÉ ORLANDO MONCADA ZAPATA, alias

    TASMANIA

     

    ERNESTO GARCÉS. TASMANIA dijo que le

    ofrecieron beneficios a cambio de sus testimonios.

    El ex paramilitar

    JOSÉ ORLANDO MONCADA, alias TASMANIA

    , para que declarara en contra del presidente Álvaro Uribe y

    del empresario cafetero

    era de autoría intelectual de ellos", sostuvo uno de los testigos,

    asesor y amigo personal de alias '

    es amigo de ÁLVARO URIBE VÉLEZ, y su

    mentor tras la muerte de don

    , ERNESTO GARCÉS visitó al presidente URIBE en la Casa de

    Nariño y le llevó una carta en la cual alias '

    G

     

    ENEALOGÍA COLOMBIANA VOLUMEN V JULIO CÉSAR GARCÍA VÁSQUEZ

  • TRADUCCION MECANICA DEL PROLOGO "LAS GUERRAS DE DOBLECERO"

     

    NOTE FROM THIS BLOG EDITOR: 

    THE FOLOWING IS A MECHANIC TRASLATE (BY GOOGLE TRASLATOR) FROM THE PROLOGUE TO THE BOOK "LAS GUERRAS DE DOBLECERO"  I. E. "THE WARS OF DOBLECERO", WRITEN BY MR. ALDO CIVICO, ANTROPOLOGIST.  WE BEG THE AUTHOR  AND  READERS EXCUSES FOR THE LACK OF ACCURACY OF THE TRANSLATION, BUT WE´LL TRY TO IMPROVE IT IN FUTURE.

     

    PROLOGUE OF "THE WARS OF DOBLECERO" by Aldo Civico


    The wars of "Doblecero"






    My encounter with "Doblecero"





    My cell phone rang. Across the line, from an unknown location, a man with an authoritative voice gave me exact directions and clear instructions. The commander Rodrigo Doblecero, the founder of the bloody paramilitary group Bloque Metro, had agreed to interview him. I wrote down the instructions: "Sunday, 8:30, in San Roque. Go to Puerto Berrio, Barbosa pass and turn right after Cisneros. We are in the main square in front of the church. " It was the call he had been waiting for. My time in Colombia during the summer of 2003 drew to a close. The last three months I spent traveling between Medellin and people of Grenada, in eastern Antioquia, recording the testimonies of victims of forced displacement and hearing their horror stories. The paramilitaries and guerrillas forced millions of citizens, especially women and children to leave their villages, resulting in Colombia the worst humanitarian crisis in the Western Hemisphere.



    These people were the first developers in providing data on the Colombian conflict and its complex dynamics. Illustrated in great detail how armed men had stripped them of their belongings and uprooted from their land. Some even witnessed the killing of their loved ones. So, before my anticipated meeting with Doblecero, I knew the paramilitaries and the daily acts committed through the stories of their victims. I felt his presence in the silence of those who tried to interview in his whispers and the temporary displacement, physical and emotional health of their own neighborhoods to various sites where they could feel more confident to share their stories. He was in denial of their presence through silence that the panoptic reality of paramilitaries was revealed to me. Just beginning my fieldwork in Colombia and the commander would be the first paramilitary Doblecero with which I would be face to face. At dawn, as Medellin still asleep, I left for San Roque with a friend. In Niquía just on the outskirts of Medellin, passed easily through a checkpoint of the Army and head toward Puerto Berrio, through Barbosa and Cisneros. From there, a steep, unpaved road entered a narrow green valley, leading up to a plateau. He left the world as we knew behind me, I was about to penetrate a dense jungle filled with uncertainties and dangers, as Marlow, a seaman in The Heart of Darkness Josep Conrad, traveling to an unexplored area of Africa in search of Kurtz, the head of a colonial station.



    "I was entering a completely unknown world

    for me. The waters, to widen, flowed through

    wooded islands, lost in that river was so easy

    as lost in a desert trying to find the

    course clashed throughout against sandbanks

    "I came to have the sensation of being haunted, far

    of all things once known ... so far from everything ...

    Once in another life ... Those major areas

    lay before us and closed again, as if the forest

    gradually had put one foot in the water to cut

    withdrawal at the time of return. Penetrated

    deeper and deeper into the dense heart of darkness. "



    In a very slow pace and zigzagging for nearly nine miles, and not without difficulty, we reached a plateau after about two hours. On the horizon we could see the town of San Roque. In this place I began to understand how hostile geography had forged the life and imagination of people in parts of Colombia, making it difficult to perceive their country as a nation.



    During the trip I tried to imagine my appointment with Doblecero and wondered about its outcome. By that time I did not know much about it, just that he had been an officer of the Colombian Armed Forces, at the end of the nineties had formed the Metro Block, which struck terror in Medellin and Antioquia. He faced a ruthless struggle for Medellín with the Bloque Cacique Nutibara, which in late 2001 ousted the Bloque Metro and subdued the city. Almost at San Roque find another military checkpoint on the outskirts of town and a new concern occupied my thoughts since I did not know how to justify my notebooks, digital camera-and ultimately-our presence as foreigners in an unsafe place for tourists . "What should I say? What should I reveal to me and how much? Or should I invent a story? Perhaps I should say that I am a journalist? What about what I write? "I decided not to reveal what my meeting with the commander Rodrigo although their presence in the region, he was sure, was no secret, especially for the military. While searching frantically an idea that would allow me to disguise my intentions, I felt the power that each secret means, silence and lies that revealed not only the presence of the commander Rodrigo around, but my relationship with him invisible. Now, through him, the soldiers and I were joined by that bond too. The military patrol composed of four or five soldiers stopped our vehicle, which was also the only one who approached the village for many hours.



    "Good morning. Down the car. Their papers, please. " An Italian soldier looked at my passport, he ordered me rest my hands on the ceiling, with arms stretched while another sought in my pockets, this requisitioned my waist and my legs. The other examined the car carefully, looking under the seats in each compartment and the trunk. Soldiers ojearon my notebook, check out my recorder and my camera, but dared not ask any questions about my presence there since that early morning on a Sunday. In fact, there was no need to offer any excuse for what we all knew already: the public secret of the presence of the commander Rodrigo and his men in San Roque, and my impending meeting with him. In our mutual silence because not exchange any words with the exception of greetings and goodbyes, we reveal our common bond with the commander Rodrigo.



    The secret, according to Elias Canetti's account in his book Crowds and Power, Is the basis of power, Foucault says that power is tolerable only on condition that it mask a substantial part of itself. The secret, therefore, belong to the dark bowels of a society and its functions as a second world between the manifest world, a second body encased in the former. Wherever there is power, there are secret, but not just the secret behind the power base, but also the public secret, as stated by the anthropologist Michael Taussig, University of Columbia:



    "What if the truth rather than a secret, a secret

    public as is the case of social knowledge

    Most importantly, know what there is to know? ... in fact,

    Shared secrets are not these the foundations of our

    social institutions, the workplace, the marketplace,

    family and state? Is not this the most public secret

    Interestingly, the most powerful, the most misleading and ubiquitous

    active form of social knowledge? In comparison,

    we call doctrine, ideology, conscience,

    beliefs, values, and even speech degenerates into a

    insignificance sociological and philosophical banality: from

    fact is the role and life force of the public secret

    to keep the border where the secret is not destroyed

    when exposed, but subject to a completely

    different revelation that does justice. "



    In other words, the public secret Taussig is the oil that allows the wheels of society to give back. Without the knowledge public secret that hides actively shared-there would be no society, since it is the public secret that binds the social forces that are in conflict. In Colombia there is a secret bond that binds the public with silence, the secrecy of the truth



    on the presence of paramilitaries and their alliances. "The silence and secrecy," he writes, are a shelter for power. "



    If the public secret is the cement of society, ie the power base, then silence is the bond that unites the power and the public with a secret knowledge that can not be easily articulated words, in silence, and in the silence, is revealed and at the same time consolidating the power of control, which explains the aforementioned phrase Canetti.)



    Once we said goodbye to the soldiers parked the car in front of the church, as agreed, and we expect few minutes before three men came and surrounded the car. After finding my identity and after a stressful confusion about my name, "one of the paramilitaries, in her twenties, got into the car and leave with him on San Roque by a narrow dirt road. We stopped in front of a humble house where a woman mopped the front. While parked on your property without permission or she did not show impatience or discomfort seems indifferent to our presence, continued his work as were there. It was a normal abnormality. People passing by on horseback, casting furtive glances and curious.



    I joined the public secret increasingly Doblecero and paramilitaries. After one half hour at last came the commander Rodrigo driving a four-wheel truck, escorted by two men and a dog. They all wore military uniforms but the only one who wore dark glasses was the commander so I could not look into his eyes. All were heavily armed, each carrying a rifle with telescopic sight and a gun in his belt.



    We were invited to go up to his truck and I sat forward, next to Rodrigo, who put his rifle next to my left leg and could not help noticing how cold metal pressed my thigh. "How many times have you been in Colombia?" He asked. "This is the fourth time. Colombian I almost feel at this point, "I replied jokingly. With this, the commander exploded in laughter as I considered spontaneous and open.



    After traveling another dirt road for twenty minutes or so, we arrive at an abandoned cabin that was visible from a wide green valley. The beautiful and inviting landscape contrasted with the cool weapons of violence and war. We sat on a porch ready to begin our conversation, he showed off his glasses and a look that was anything but cruel, cold, or lying, was different to what I was expecting. Her large dark eyes puzzled me. I thought it would be hard to imagine this paramilitary commander in his role as father, with a quiet life with his wife and daughter, which could only visit underground and not very often, things to know later.



    Doblecero took a pen and a sheet of paper in their hands and sketched a map of Colombia. "Draw some lines here, he said, and began to lecture on the history of their country. It began with the War of a Thousand Days and outlined political developments that led to violence and subsequent formation of the National Front in 1957. I turned on the recorder.



    My meeting with Doblecero happened at a crucial and very difficult for him and his men. Faced a major military offensive by those who had been their allies, namely the AUC, led by Carlos Castaño, and the Colombian army, which-as stated by the public secret Medellin had always been his side, protecting and supporting her former officer. The infighting began when Doblecero refused to comply with the order given by Brown to demobilize and integrate the negotiating table with the Colombian government. The leader of the Bloque Metro had requested a separate forum to the negotiation, because he refused to sit with drug lords, as alias Don Berna, chief of the paramilitary group Bloque Cacique Nutibara, which was now after Doblecero and his men. The two rival factions have been fighting since May for the area where our interview was taking place just at the end of August 2003, and had already caused the displacement of 600 peasants. The Bloque Metro was losing the territory that had dominated for more than seven years, and only kept some municipalities under its control. Likewise, for the moment, 500 of his men had deserted to join its rival. Doblecero was losing the war. By late September the group was already destroyed and he had fled to the nearby Rodadero in the area of Santa Marta.





    Resume contact by email in March 2004. On the conflict between paramilitaries me wrote:



    "After we spoke last time it happened a number of facts, after which, our military structures have practically disappeared. That is something quite interesting from a political standpoint, since which for us has been shown that to deal with a joint attack by the armies of drug traffickers and the national government would have to resort to drug trafficking as a method of financing and terrorism as a method of struggle. They do not go according to our ideological views on the crisis in Colombian society and the role we should play ourselves into it as part of the solution and not part of its extension. Because of this balance we did and we decided not to appeal or to one or the other, we suffered a defeat, militarily, and we have preserved our ideology and our political structures. "



    Doblecero I proposed to write the story of his life and for three months the Metro Bloc leader shared his testimony with me. His post was only occasionally long and frequent. Our conversation continued until a few days before he was assassinated on a street in Rodadero, 27 May 2004. She was 39.





    Doblecero's testimony is unique because of the role he played during the years that the paramilitaries in Colombia extended its domain. Retired army officer, educated by Jesuits, had been commander Doblecero military adviser of the Castaño brothers and confidant of some sectors of the elite in Antioquia.



    One night during a meeting with some friends in Medellin shared with them my work with Doblecero. A lawyer for Medellin, invited by one of my friends, was listening intently. When I finished my story the lawyer stood up and congratulated me for having known Doblecero. He said the paramilitary leader was a true patriot who sacrificed his life for his country. He was not like the other paramilitary leaders linked to drug trafficking, who undermined the project of the self-assured to the lawyer .Comparó Doblecero with members of Congress who were behind bars, accused of being accomplices of the paramilitary. He knew them personally and could ensure that all were true patriots who made deals with groups of self-defense only in the interests of the nation.

    He had no head that would have made upon those arrests, which he considered profoundly unjust. Never, as that night in Medellin, as he listened to the lawyer, "I could feel and touch the passion and strong motivation for decades fueled the dark alliance between the death squads and some Colombian elites. All in the name, not of death and terror, but of life for a better life. These emotions and interests have deepened and prolonged the war, adding to the spiral of death and horror that has plunged the country into darkness.



    In his conversations with me Doblecero never admitted that behind his ideas and intentions, which communicated with noble words and masked with honorable values, there was an unacceptable life of violence and death. The more I asked about their experience and their reasons, most struggled to justify and make sense of elections that had taken over his life



    Perhaps trying to convince, as Medellin's lawyer, that his life had meaning and purpose. That all happened with his life had been for the good of Colombia that Doblecero always defined as a country "beautiful."



    One day, he suddenly asked me: "You do think of this? What is the interest of their work? I would like to know more about their work. For me, until now, speak to you has been helpful and a form of self-analysis.



    Maybe I'm still in the process of finding a comprehensive and satisfactory response to questions from Doblecero that tormented me for a while. Throughout my years of fieldwork in Colombia as an anthropologist, while collecting the testimonies of victims and paramilitaries, often came to my mind the story of Gilles de Rais, a psychopath who terrorized century France xv. This murderer was sexually abused, tortured and murdered hundreds

    of French children, first kidnapping, hiding in one of his many castles, locked in a room of torture and death and then strangled while sexually stimulated. The final act, as often happened with the paramilitaries was to chop the bodies.



    The French philosopher Georges Bataille provides an effective description of de Rais:

    Imagine a reign of terror almost silent, which is always growing, and fear of reprisals from the victims parents hesitate to talk. The anguish is that of a feudal world where imposing shadows of great strengths ... In the presence of the fairytale castles of Gilles de Rais, who eventually people called Bluebeard's castle, we have an obligation remember the killings of these children, presided over by fairies witches but not a bloodthirsty man.



    Bataille presents the horrors of De Rais without the slightest embarrassment, inviting the reader not to move away from violence. That attitude, not to deny violence, brightened my work on the paramilitaries in Colombia. I can not turn a blind eye to violence and consider it only as something aberrant and alien environment in which armed groups continue to multiply like crazy. Even when it is disturbing, Bataille's essay is an invitation to take on crime and perversion, like death, as integral parts of humanity, and a call to reject the temptation to exclude them. This point needs to be recognized if one day we propose an alternative to violence.



    Bataille notes that violence violates bodily integrity, the order of things, and any limits. Suggests that de Rais can not be understood without considering the larger forces at play and found themselves in De Rais, and that this could not control: "His crimes arose from the huge mess that it decomposed, decomposing it, and disarticulated. In the quest to solve my academic curiosity about the violence of the paramilitaries,

    I need to recover for analysis and research my own experience, the feeling fragmented and overwhelmed by this, I need to incorporate it into my philosophical reasoning about life and its dynamics. The universe, "wrote an American poet, is not composed of atoms but of stories, and this is the story of a man who ended up tangled in a vortex of terror and death. Doblecero's life is a reflection not only of the dirty war in Colombia, but thought "purge" that inspired and justified such violence. Hopefully this story, this part of a shared universe, serves to understand and to find a way out.



    Aldo Civico

    September 2009

  • PROLOGO DE "LAS GUERRAS DE DOBLECERO" POR ALDO CIVICO

     

    Las guerras de “Doblecero”

     

    Prólogo del libro

     

    Mi encuentro con “Doblecero”

     

     

    Mi celular sonó. Al otro lado de la línea, desde un lugar desconocido, un hombre con voz autoritaria me daba direcciones exactas e instrucciones claras. El comandante Rodrigo Doblecero, el fundador del sangriento grupo paramilitar Bloque Metro, había aceptado que lo entrevistara. Anoté las instrucciones: “Domingo, 8:30, en San Roque. Vaya hacia Puerto Berrío, pase Barbosa y vire a la derecha después de Cisneros. Nos encontramos en la plaza principal, al frente de la iglesia”. Era la llamada que había estado esperando. Mi estancia en Colombia durante el verano de 2003 tocaba a su fin. Los últimos tres meses los dediqué a viajar entre Medellín y el pueblo de Granada, en el oriente antioqueño, registrando los testimonios de personas víctimas del desplazamiento forzado y escuchando sus historias de horror. Los paramilitares y la guerrilla forzaron a millones de ciudadanos –sobre todo mujeres y niños– a abandona sus aldeas, generando en Colombia la peor crisis humanitaria del hemisferio occidental.

     

    Estas personas fueron las primeras en proveerme de reveladores datos sobre el conflicto colombiano y sus complejas dinámicas. Ilustraron con gran detalle cómo hombres armados los habían despojado de sus pertenencias y desarraigado de sus tierras. Algunos, incluso, atestiguaron la matanza de sus seres queridos. Así, antes de mi esperada reunión con Doblecero, ya sabía de los paras y de los actos que a diario cometían, a través de las historias de sus víctimas. Sentí su presencia en el silencio de aquellos a quienes intentaba entrevistar, en sus susurros y en el desplazamiento temporal, físico y emocional de sus propios barrios a diversos sitios en donde se podían sentir más seguros para compartir sus historias. Era en la negación de su presencia a través del silencio que la panóptica realidad de los paramilitares me fue revelada. Apenas comenzaba mi trabajo de campo en Colombia y el comandante Doblecero sería el primer paramilitar con el que me encontraría frente a frente. Al amanecer, mientras Medellín aún dormía, partí para San Roque acompañado de un amigo. En Niquía, justo  en las afueras de Medellín, pasamos sin problemas por un retén del Ejército y enrumbamos hacia Puerto Berrío, pasando por Barbosa y Cisneros. De allí, un camino escarpado y sin pavimentar penetraba en un valle estrecho y verde, llevándonos a la altura de una meseta. Dejaba el mundo tal y como lo conocía detrás de mí; me disponía a penetrar una selva espesa, llena incertidumbres y peligros, como Marlow, el marinero que en El Corazón de las Tinieblas de Josep Conrad, viaja hacia un inexplorado territorio del África en busca de Kurtz, el jefe de una estación colonial.

     

    “Estaba entrando en un mundo completamente desconocido

    para mí. Las aguas, al ensancharse, fluían a través de

    archipiélagos boscosos; extraviarse en aquel río era tan fácil

    como perderse en un desierto; tratando de encontrar el

    rumbo chocábamos todo el tiempo contra bancos de arena

    –llegué a tener la sensación de estar embrujado, lejos

    de todas las cosas una vez conocidas… lejos de todo… tal

    vez en otra existencia… Aquellas grandes extensiones se

    abrían ante nosotros y volvían a cerrarse, como si la selva

    hubiera puesto poco a poco un pie en el agua para cortarnos

    la retirada en el momento del regreso. Penetramos

    más y más en la espesura del corazón de las tinieblas.”

     

    A un paso muy lento y zigzagueando por cerca de catorce kilómetros, y no sin dificultad, alcanzamos una meseta después de casi dos horas. En el horizonte podíamos ver el pueblo de San Roque. En ese lugar comencé a entender cómo la geografía hostil había forjado la vida y la imaginación de la gente en ciertas regiones de Colombia, dificultándoles percibir a su país como una nación.

     

    Durante el viaje procuré imaginar cómo sería mi cita con Doblecero y me preguntaba sobre su resultado. Para ese entonces no sabía mucho sobre él, apenas que había sido oficial de las Fuerzas Armadas colombianas, que al final de los años noventa había formado el Bloque Metro, el cual sembró el terror en Medellín y en Antioquia. Se enfrentaba en una lucha despiadada por Medellín con el Bloque Cacique Nutibara, que a finales de 2001 expulsó al Bloque Metro y subyugó la ciudad. Casi en San Roque encontramos otro retén militar en las afueras del pueblo y una nueva preocupación ocupó mis pensamientos puesto que no sabía cómo justificar mis cuadernos, la cámara fotográfica digital –y en última instancia– nuestra presencia como extranjeros en un lugar no apto para turistas. “¿Qué debo decir? ¿Qué debo revelar de mí y cuánto? ¿O debo inventar alguna historia? ¿Quizá debo decirles que soy periodista? ¿Y sobre qué escribo?” Decidí no revelar lo de mi encuentro con el comandante Rodrigo –aunque su presencia en la región, estaba seguro, no era un secreto, especialmente para los militares–. Mientras buscaba frenéticamente una idea que me permitiera disfrazar mis propósitos, experimentaba el poder que cada secreto implica, el silencio y la mentira que revelaba no sólo la presencia del comandante Rodrigo en los alrededores, sino mi lazo invisible con él. Ahora, a través suyo, los soldados y yo estábamos unidos por ese lazo también. La patrulla militar, integrada por cuatro o cinco soldados, detuvo nuestro vehículo, que además era el único que se acercaba al pueblo en muchas horas.

     

    “Buen día. Bajen del coche. Sus documentos, por favor”. Un soldado miró mi pasaporte italiano, me ordenó apoyar las manos en el techo, con los brazos estirados y mientras que otro buscaba en mis bolsillos, este requisaba mi cintura y mis piernas. Los demás examinaron el vehículo con cuidado, mirando bajo los asientos, en cada compartimiento, y el baúl. Los soldados ojearon mi cuaderno, revisaron mi grabadora y mi cámara fotográfica, pero no se atrevieron a hacer ninguna pregunta acerca de mi presencia en ese lugar y a esa temprana hora de la mañana de un domingo. De hecho, no había necesidad de ofrecer ninguna excusa para explicar lo que ya todos sabíamos; el secreto público de la presencia del comandante Rodrigo y sus hombres en San Roque, y de mi inminente encuentro con él. En nuestro recíproco silencio –porque no intercambiamos ninguna palabra a excepción de saludos y despedidas– revelamos nuestro lazo en común con el comandante Rodrigo.

     

    El secreto, según cuenta Elías Canetti en su libro Masa y Poder, es la base del poder, y Foucault agrega que el poder es tolerable solamente bajo la condición de que enmascare una parte substancial de sí mismo. El secreto pertenece así a los intestinos oscuros de una sociedad y sus funciones, como un segundo mundo entre el mundo manifiesto, un segundo cuerpo encajonado dentro del primero. Dondequiera que haya poder, hay secreto, pero no es sólo el secreto el que sustenta la base del poder, sino también el secreto público, como lo afirma el antropólogo Michael Taussig de la Universidad de Columbia:

     

    “¿Qué pasa si la verdad, más que un secreto, es un secreto

    público, como es el caso del conocimiento social

    más importante, saber lo que no hay que saber?... de hecho,

    ¿no son secretos compartidos las bases de nuestras

    instituciones sociales, el lugar de trabajo, el mercado, la

    familia, y el Estado? ¿No es este secreto público la más

    interesante, la más poderosa, la más engañosa y ubicua

    forma de conocimiento activo social? En comparación, lo

    que nosotros llamamos doctrina, ideología, conciencia,

    creencias, valores, e incluso, discurso, degenera en una

    insignificancia sociológica y una banalidad filosófica: de

    hecho es la función y la fuerza vital del secreto público

    el mantener la frontera donde el secreto no es destruido

    al ser expuesto, sino sujeto a una forma completamente

    diferente de revelación que le hace justicia.”

     

    En otras palabras, para Taussig el secreto público es el aceite que permite que las ruedas de la sociedad den vuelta. Sin el secreto público –un conocimiento compartido que se oculta activamente– no habría ninguna sociedad, puesto que es el secreto público el que liga las fuerzas sociales que están en conflicto. En Colombia hay un lazo que ata al secreto público con el silencio, al secreto con la verdad

     

    sobre la presencia de los paramilitares y sus alianzas. “El silencio y el secreto –escribe Foucault– son un abrigo para el poder”.

     

    Si el secreto público es el cemento de la sociedad, es decir, la base del poder, entonces el silencio es el lazo que une al poder y al secreto público con un conocimiento que no puede ser articulado fácilmente Es decir, en el silencio, y en el silenciar, se revela y se consolida al mismo tiempo el poder del control, lo cual explica la ya citada frase de Canetti.}

     

    Una vez nos despedimos de los soldados estacioné el carro al frente de la iglesia, según lo acordado, y esperamos algunos minutos hasta que tres hombres llegaron y rodearon el carro. Tras haber comprobado mi identidad –y luego de una tensionante confusión en torno a mi apellido– uno de los paramilitares, de veintitantos años, se montó en el carro y con él a bordo abandonamos San Roque por un camino destapado y estrecho. Paramos frente a una casa humilde en donde una mujer trapeaba el frente. Aunque parqueamos en su propiedad sin pedir permiso ella no demostró ni impaciencia ni molestia alguna Aparentemente indiferente a nuestra presencia, continuó su tarea como  estuviéramos allí. Era una normal anormalidad. Gente a caballo pasaba por ahí, lanzando miradas furtivas y curiosas.

     

     El secreto público me unía cada vez más con Doblecero y los paramilitares. Pasada una media hora al fin llegó el comandante Rodrigo conduciendo una camioneta cuatro por cuatro, escoltado por dos hombres y un perro. Todos vestían uniformes militares pero el único que usaba gafas oscuras era el comandante por lo cual me fue imposible mirarlo a los ojos. Todos estaban fuertemente armados –cada uno llevaba un rifle con mira telescópica, así como un arma al cinto–.

     

    Nos invitaron a que subiéramos a su camioneta y yo me senté adelante, al lado de Rodrigo, quien puso su rifle al lado de mi pierna izquierda y no podía dejar de notar cómo el metal frío presionaba mi muslo. ¿“Cuántas veces ha estado en Colombia?” me preguntó. “Esta es la cuarta vez. Casi me siento colombiano a este punto,” le respondí bromeando. Con esto, el comandante explotó en una risa que juzgué espontánea y abierta.

     

    Tras recorrer otro camino destapado durante veinte minutos, más o menos, llegamos a una cabaña abandonada desde la que se divisaba un ancho y verde valle. Lo bello y acogedor del paisaje contrastaba con las frías armas de la violencia y de la guerra. Nos sentamos en un pórtico listos a comenzar nuestra conversación, se quitó las gafas y reveló una mirada que era cualquier cosa, menos cruel, fría, o mentirosa; era diferente a lo que estaba esperando. Sus ojos grandes y oscuros me desconcertaban. Pensé en que no sería difícil imaginarse a este comandante paramilitar en su rol de padre, con una vida tranquila, con su esposa e hija, a las cuales sólo podía visitar clandestinamente y no muy a menudo, cosas que sabría más adelante.

     

    Doblecero tomó un bolígrafo y una hoja de papel en sus manos y bosquejó el mapa de Colombia. “Dibujemos algunas líneas aquí, me dijo, y comenzó a dar una conferencia sobre la historia de su país. Empezó con la guerra de los Mil Días y resumió los acontecimientos políticos que llevaron a la Violencia y posterior formación del Frente Nacional, en 1957. Yo encendí la grabadora.

     

    Mi reunión con Doblecero sucedió en un momento crucial y muy difícil para él y sus hombres. Hacían frente a una gran ofensiva militar por parte de los que habían sido sus aliados, a saber, las AUC, lideradas por Carlos Castaño, y el Ejército colombiano, el cual –como lo dice el secreto público en Medellín– había estado siempre de su lado, protegiendo y apoyando a su antiguo oficial. La lucha interna comenzó cuando Doblecero se negó a cumplir la orden impartida por Castaño de desmovilizarse e integrar la mesa de negociación con el gobierno colombiano. El líder del Bloque Metro había solicitado un foro separado al de la negociación, pues él se rehusaba a sentarse con poderosos narcotraficantes, como alias don Berna, jefe del grupo paramilitar Bloque Cacique Nutibara, que ahora estaba tras Doblecero y sus hombres. Las dos facciones rivales llevaban luchando desde mayo por el área donde justamente se desarrollaba nuestra entrevista, a finales de agosto de 2003, y ya habían provocado el desplazamiento de 600 campesinos. El Bloque Metro estaba perdiendo el territorio que había dominando por más de siete años, y solamente mantenían algunos municipios bajo su control. Así mismo, para este momento, 500 de sus hombres ya habían desertado para unirse a su rival. Doblecero estaba perdiendo la guerra. Para finales de septiembre su grupo ya estaba aniquilado y él había huido para refugiarse en cercanías del Rodadero, en el área de Santa Marta.

     

     

    Reasumimos el contacto por correo electrónico en marzo de 2004. Sobre la lucha entre los paramilitares me escribió:

     

    Después de que hablamos la última vez se sucedieron una serie de hechos, después de los cuales, nuestras estructuras militares prácticamente han desaparecido. Eso es algo bien interesante desde el punto de vista político, puesto  que para nosotros ha quedado demostrado que para enfrentar una agresión conjunta de los ejércitos de los narcos y del gobierno nacional, habría que recurrir al narcotráfico como método de financiación y al terrorismo como metodología de lucha. Ambos no van de acuerdo con nuestras concepciones ideológicas sobre la crisis de la sociedad colombiana y sobre el rol que deberíamos jugar nosotros en ella como parte de la solución y no como parte de su prolongación. Debido a este balance que hicimos y que decidimos no recurrir ni a lo uno ni a lo otro, hemos sufrido una derrota, en el aspecto militar, y hemos preservado nuestra ideología y nuestras estructuras políticas.”

     

    Le propuse a Doblecero escribir la historia de su vida y durante tres meses el líder del Bloque Metro compartió su testimonio conmigo. Sus correos eran sólo ocasionalmente largos y frecuentes. Nuestra conversación continuó hasta unos pocos días antes de ser asesinado en una calle del Rodadero, el 27 de mayo de 2004. Tenía 39 años.

     

     

    El testimonio de Doblecero es único debido al papel que desempeñó durante los años en que el paramilitarismo amplió su dominio en Colombia. Oficial retirado del Ejército, educado por jesuitas, el comandante Doblecero había sido consejero militar de los hermanos Castaño y hombre de confianza de algunos sectores de la elite antioqueña.

     

    Una noche, durante una reunión con algunos amigos en Medellín compartí con ellos mi trabajo con Doblecero. Un abogado de Medellín, invitado por uno de mis amigos, se encontraba escuchando con atención. Cuando terminé mi historia el abogado se levantó y me felicitó por haber conocido a Doblecero. Él me aseguró que el líder paramilitar había sido un patriota auténtico que sacrificó su vida por su país. Él no era como los otros líderes paramilitares ligados al narcotráfico, quienes minaron el proyecto de las autodefensas –aseguró el abogado–.Comparó a Doblecero con los miembros del Congreso que se encontraban tras las rejas, acusados de ser cómplices del paramilitarismo. Él los conocía personalmente y podía garantizar que todos eran verdaderos patriotas que hicieron tratos con los grupos de autodefensas solamente en beneficio de la nación.

    No le cabía en la cabeza que hubieran hecho efectivas tales detenciones, las cuales consideraba profundamente injustas. Nunca, como esa noche en Medellín –mientras escuchaba a ese abogado–, pude sentir y tocar la pasión y la fuerte motivación que durante décadas alimentó la alianza tenebrosa entre las escuadrillas de la muerte y ciertas élites colombianas. Todo en el nombre, no de la muerte y del terror, sino de la vida; de una vida mejor. Tales emociones e intereses han prolongado y profundizado la guerra, sumándose al espiral de muerte y de horror que sume al país en la oscuridad.

     

    En sus conversaciones conmigo Doblecero nunca reconoció que detrás de sus ideas y de sus intenciones, las cuales comunicaba con palabras nobles y enmascaraba con valores honorables, había una vida inaceptable de violencia y de muerte. Cuanto más le preguntaba sobre su experiencia y sobre sus motivos, más luchaba por justificar y darle sentido a las elecciones que había tomado durante su vida

     

    Intentaba quizá convencerse, al igual que el abogado de Medellín, de que su vida había tenido un significado y un propósito. Que todo lo sucedido con su vida había sido por el bienestar de Colombia, que Doblecero definió siempre como un país “hermoso”.

     

    Un día, repentinamente, me preguntó: ¿“Usted qué piensa de todo esto? ¿Cuál es el interés de su trabajo? Quisiera saber más sobre su trabajo. Para mí, hasta ahora, hablar con usted ha sido útil y una forma de autoanálisis”.

     

    Quizá todavía estoy en el proceso de encontrar una respuesta integral y satisfactoria a las preguntas de Doblecero, que me atormentaron durante un tiempo. A lo largo de mis años de trabajo de campo en Colombia como antropólogo, mientras recogía los testimonios de víctimas y de paramilitares, muchas veces me vino a la mente la historia de Gilles de Rais, un psicópata que aterrorizó a la Francia del siglo xv. Este asesino abusó sexualmente, torturó y asesinó a centenares

    de niños franceses; primero los secuestraba, escondiéndolos en uno de sus muchos castillos, los encerraba en una sala de tortura y de muerte y luego los estrangulaba mientras que se estimulaba sexualmente. El acto final –como sucedió a menudo con los paramilitares– consistía en picar los cadáveres.

     

    El filósofo francés George Bataille ofrece una descripción eficaz de De Rais:

    Imaginemos un reino del terror casi silencioso, el cual no para de crecer, y por el miedo a las represalias los padres de las víctimas vacilan para hablar. La angustia es la de un mundo feudal sobre el cual se imponen las sombras de grandes fortalezas… En la presencia de los castillos de cuentos de hadas de Gilles de Rais, los cuales eventualmente la gente llamará los castillos de Barba Azul, tenemos la obligación de recordar las matanzas de estos niños, presididas no por hadas hechiceras sino por un hombre sediento de sangre.

     

    Bataille presenta los horrores de De Rais sin la más mínima vergüenza, invitando al lector a no alejarse de la violencia. Esa actitud, de no negar la violencia, iluminó mi trabajo sobre los paramilitares en Colombia. No puedo cerrar los ojos frente a la violencia y considerarla sólo como algo aberrante y ajeno al medio en el cual los actores armados siguen multiplicándose como locos. Aún cuando resulte perturbador, el ensayo de Bataille es una invitación a asumir el crimen y la perversión, al igual que la muerte, como partes integrantes de la humanidad, así como un llamado a rechazar la tentación de excluirlos. Este punto necesita ser reconocido si un día queremos proponer una alternativa a la violencia.

     

    Bataille destaca que la violencia transgrede la integridad del cuerpo, el orden de las cosas, y cualquier límite. Sugiere que De Rais no puede ser entendido sin considerar las fuerzas más grandes que están en juego y que se encontraron en De Rais, y que este no pudo controlar: “Sus crímenes se originaron desde el inmenso desorden que lo descomponía, que lo descomponía, y lo desarticulaba”. En la búsqueda de solucionar mi curiosidad académica sobre la violencia de los paramilitares,

    necesito rescatar para el análisis y la investigación mi propia experiencia, el sentirme fragmentado y abrumado por esta; necesito incorporarla en mi raciocinio filosófico sobre la vida y sus dinámicas. El universo –escribió un poeta estadounidense–, no esta constituido por átomos sino por historias, y esta es la historia de un hombre que terminó enmarañado por una vorágine de terror y muerte. La vida de Doblecero es un reflejo no solamente de la guerra sucia de Colombia, sino del pensamiento “purgante” que ha inspirado y justificado tanta violencia. Ojalá esta historia, esta parte de un universo que compartimos, sirva para comprender y para encontrar alguna salida.

     

    Aldo Cívico

    Septiembre de 2009