jueves, diciembre 17, 2009

entrevista Bloque Metro por agencia Reuters

Paramilitares colombianos se alistan para la guerra

Luis Jaime Acosta *

 

Un grupo de jóvenes con sus cabezas semirrapadas, rostros pintados y vistiendo uniformes amarillos, recibe instrucción militar y entrena tácticas de guerra en la selva del noroeste de Colombia.

Son los futuros a combatientes de un bloque regional de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), la mayor organización paramilitar de ultraderecha que combate a la guerrilla izquierdista en el marco del conflicto interno colombiano, que dejó 40.000 muertos en la última década.

Pese a la crisis interna que atraviesan los paramilitares, que pretenden desligar sus actividades del narcotráfico en una aparente estrategia, según analistas, para facilitar en el futuro una posible negociación de paz con el gobierno, siguen preparándose para la guerra.

Líderes de estos escuadrones aseguran que el presidente Alvaro Uribe, quien fue acusado en su campaña electoral de tener nexos con los paramilitares, ordenará una inclemente persecución militar para quitarse ese rótulo, pese a que nunca estuvo vinculado con esas organizaciones ilegales.

Pese al temor de esa acción del mandatario, quien asumió el 7 de agosto, y a que recientemente el ejército mató a 24 de sus combatientes en el noroccidental departamento de Antioquia, los paramilitares dicen que no se enfrentarán al Estado.

Veinte jóvenes de entre 18 y 26 años cargan un madero con la forma de un fusil y portan botas de caucho.

Hombres armados con lanza misiles, ametralladoras, fusiles y granadas vigilan de cerca a los alumnos, quienes son sometidos a diario a extenuantes jornadas de pruebas de resistencia física en la selva y en potreros a cielo abierto.

“La intención de esta escuela es capacitar los hombres tácticamente y operacionalmente para combatir al enemigo. De aquí salen los hombres directamente al área de combate, hay que entrenarlos fuertemente”, dijo a Reuters el comandante Bryand, uno de los instructores del Bloque Metro de las ACCU.

A la organización ilegal llegan mensualmente decenas de campesinos, ex miembros de las Fuerzas Militares y guerrilleros desertores que quieren formar parte de los paramilitares. Todos son sometidos a una prueba física y sólo los mejores se quedan, los demás deber irse, según Bryand.

El instructor, quien lucía un uniforme de camuflaje, cubría su rostro con un pañuelo y portaba un fusil, dijo haber preparado a miles de combatientes.

Los alumnos se arrastran entre el pasto empuñando fusiles de madera, brincan de izquierda a derecha y gritan simulando un combate con los guerrilleros, sus enemigos acérrimos.

Algunos combatientes irán a la ciudad de Medellín, en donde el Bloque Metro de las ACCU busca a expulsar a las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), otros se desplazarán a campos en donde también combaten con los rebeldes.

Confían en superar la crisis

Aunque de acuerdo con los jefes paramilitares muchos jóvenes ingresan por convicción, según sociólogos otros se incorporan presionados por el desempleo y la miseria.

Los paramilitares ofrecen uniforme a los combatientes, un arma, alojamiento, comida y un salario que puede alcanzar los 300 dólares mensuales. Algunos de los incorporados aseguran que los “paras”, a diferencia de la guerrilla, “si cumplen”.

“Yo he decidido entrar a las autodefensas como combatiente porque ya hemos estado muy cansados del accionar de la guerrilla y la guerrilla nos ha golpeado mucho al pueblo colombiano, sobre todo a nosotros los campesinos”, dijo Javier, un patrullero de 24 años.

“Uno desde que viene aquí viene con la idea de aportar un grano de arena para ver si algún día vemos a Colombia en paz y ahí nos ponemos la meta de morir hasta en la guerra por lograr esa paz que tanto hemos pedido los colombianos”, agregó.

Con unos 10.000 combatientes en todo el país, los paramilitares atraviesan una crisis que llevó a la disolución en julio de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que agrupaba a todos los escuadrones ilegales armados en una especie de federación liderada por Carlos Castaño.

Los paramilitares son acusados de contar con el apoyo de algunos sectores de las Fuerzas Armadas y de financiarse, además del narcotráfico, con aportes de ganaderos, terratenientes y comerciantes perseguidos por la guerrilla.

Sentado en un improvisado quiosco, cerca del sitio donde se entrenan los futuros combatientes, el comandante “Rodrigo”, un hombre cercano a Castaño y quien dirige el Bloque Metro que opera en Medellín y Antioquia, confía en superar la crisis.

El jefe paramilitar, quien porta un fusil de asalto, viste uniforme de camuflaje y botas militares, no permite que ninguna cámara grabe su rostro, para evitar ser identificado.

“Rodrigo”, reconoció implícitamente que los paramilitares buscan un reconocimiento político y limpiar su imagen ante la comunidad nacional e internacional.

“En la vida, en la política y en la guerra nada se regala, las cosas se ganan, nosotros nos vamos a ganar nuestro puesto, no queremos que nos den nada, no queremos nada regalado porque no somos serviles de la oligarquía ni trabajadores de las Fuerzas del Estado”, afirmó.

Escoltado por dos hombres de confianza, “Rodrigo” también conocido con el apodo de “Doble Cero”, dijo que pese a la decisión de no recibir aportes del narcotráfico continuarán combatiendo a la guerrilla y advirtió que solo dejarán las armas cuando lo hagan los rebeldes.

Urbanización del conflicto

“Más vale que seamos poquitos pero honrados, que muchos y corrompidos por el narcotráfico, es que el narcotráfico lo corrompe todo y con corrupción no hay norte político ni ideología”, comentó mientras acariciaba a Pipo, un perro negro que siempre lo acompaña.

Con esa decisión los paramilitares estarían dando ventajas a las FARC, que obtienen millonarios recursos del narcotráfico, según analistas. Esos recursos les permitió duplicar sus combatientes en los últimos dos años a los paramilitares.

“Doble Cero” empezó el proceso para expulsar a la guerrilla de sectores pobres de Medellín y aseguró que además han extendido la guerra urbana a otras ciudades como Bogotá, Cali, Barranquilla y Barrancabermeja.

“Nos entronizamos en las ciudades para neutralizar el accionar de las guerrillas y para ir generando el regreso al campo de todos los campesinos que están en los cinturones de miseria”, afirmó.

Medellín, capital del departamento de Antioquia, es la tercera ciudad más poblada de Colombia con unos dos millones de habitantes y es un importante centro empresarial e industrial. Actualmente es el centro urbano con mayor control paramilitar.

El Bloque Metro, dice que controla un 80 por ciento de los sectores pobres de la ciudad, construidos en las laderas de empinadas montañas a las que llegó un equipo de Reuters.

Desde un barrio el oriente de Medellín, desde donde se divisa toda la ciudad, jóvenes armados con fusiles, pistolas, carabinas, ametralladoras y escopetas, patrullan el sector.

Sobre varias paredes de humildes casas se lee “Somos las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, Bloque Metro”. Las viviendas están cerca de cultivos de plátano, café y naranjas.

Para los pobres que habitan el sector bajo control de los paramilitares son normales las demostraciones de poder militar de jóvenes que visten trajes de camuflaje o deportivos color negro y cubren sus rostros con pasamontañas.

Todos los combatientes que patrullan esta zona recibieron instrucción militar en la escuela del Boque Metro.

Los combates en la zona son frecuentes y la guerrilla ha tratado de retomar el control del sector, al que se llega caminando a través de empinadas escaleras de cemento.

“La función es combatir la guerrilla de las FARC y del ELN, que en este momento los tenemos a todos los lados de esta zona donde estamos”, dijo Richard, el comandante de la zona mientras empuñaba un fusil M-16 de fabricación estadounidense.

“La meta de nosotros es acabar con ellos para poder vivir bueno por aquí. Nosotros estamos dispuestos a llegar hasta la muerte”, concluyó mientras miraba el horizonte y sonaba música a todo volumen proveniente de un radio de una de las casas.

* Reuters, 29 de agosto de 2002.

sábado, diciembre 05, 2009

TRADUCCION MECANICA DEL PROLOGO "LAS GUERRAS DE DOBLECERO"

 

NOTE FROM THIS BLOG EDITOR: 

THE FOLOWING IS A MECHANIC TRASLATE (BY GOOGLE TRASLATOR) FROM THE PROLOGUE TO THE BOOK "LAS GUERRAS DE DOBLECERO"  I. E. "THE WARS OF DOBLECERO", WRITEN BY MR. ALDO CIVICO, ANTROPOLOGIST.  WE BEG THE AUTHOR  AND  READERS EXCUSES FOR THE LACK OF ACCURACY OF THE TRANSLATION, BUT WE´LL TRY TO IMPROVE IT IN FUTURE.

 

PROLOGUE OF "THE WARS OF DOBLECERO" by Aldo Civico


The wars of "Doblecero"






My encounter with "Doblecero"





My cell phone rang. Across the line, from an unknown location, a man with an authoritative voice gave me exact directions and clear instructions. The commander Rodrigo Doblecero, the founder of the bloody paramilitary group Bloque Metro, had agreed to interview him. I wrote down the instructions: "Sunday, 8:30, in San Roque. Go to Puerto Berrio, Barbosa pass and turn right after Cisneros. We are in the main square in front of the church. " It was the call he had been waiting for. My time in Colombia during the summer of 2003 drew to a close. The last three months I spent traveling between Medellin and people of Grenada, in eastern Antioquia, recording the testimonies of victims of forced displacement and hearing their horror stories. The paramilitaries and guerrillas forced millions of citizens, especially women and children to leave their villages, resulting in Colombia the worst humanitarian crisis in the Western Hemisphere.



These people were the first developers in providing data on the Colombian conflict and its complex dynamics. Illustrated in great detail how armed men had stripped them of their belongings and uprooted from their land. Some even witnessed the killing of their loved ones. So, before my anticipated meeting with Doblecero, I knew the paramilitaries and the daily acts committed through the stories of their victims. I felt his presence in the silence of those who tried to interview in his whispers and the temporary displacement, physical and emotional health of their own neighborhoods to various sites where they could feel more confident to share their stories. He was in denial of their presence through silence that the panoptic reality of paramilitaries was revealed to me. Just beginning my fieldwork in Colombia and the commander would be the first paramilitary Doblecero with which I would be face to face. At dawn, as Medellin still asleep, I left for San Roque with a friend. In Niquía just on the outskirts of Medellin, passed easily through a checkpoint of the Army and head toward Puerto Berrio, through Barbosa and Cisneros. From there, a steep, unpaved road entered a narrow green valley, leading up to a plateau. He left the world as we knew behind me, I was about to penetrate a dense jungle filled with uncertainties and dangers, as Marlow, a seaman in The Heart of Darkness Josep Conrad, traveling to an unexplored area of Africa in search of Kurtz, the head of a colonial station.



"I was entering a completely unknown world

for me. The waters, to widen, flowed through

wooded islands, lost in that river was so easy

as lost in a desert trying to find the

course clashed throughout against sandbanks

"I came to have the sensation of being haunted, far

of all things once known ... so far from everything ...

Once in another life ... Those major areas

lay before us and closed again, as if the forest

gradually had put one foot in the water to cut

withdrawal at the time of return. Penetrated

deeper and deeper into the dense heart of darkness. "



In a very slow pace and zigzagging for nearly nine miles, and not without difficulty, we reached a plateau after about two hours. On the horizon we could see the town of San Roque. In this place I began to understand how hostile geography had forged the life and imagination of people in parts of Colombia, making it difficult to perceive their country as a nation.



During the trip I tried to imagine my appointment with Doblecero and wondered about its outcome. By that time I did not know much about it, just that he had been an officer of the Colombian Armed Forces, at the end of the nineties had formed the Metro Block, which struck terror in Medellin and Antioquia. He faced a ruthless struggle for Medellín with the Bloque Cacique Nutibara, which in late 2001 ousted the Bloque Metro and subdued the city. Almost at San Roque find another military checkpoint on the outskirts of town and a new concern occupied my thoughts since I did not know how to justify my notebooks, digital camera-and ultimately-our presence as foreigners in an unsafe place for tourists . "What should I say? What should I reveal to me and how much? Or should I invent a story? Perhaps I should say that I am a journalist? What about what I write? "I decided not to reveal what my meeting with the commander Rodrigo although their presence in the region, he was sure, was no secret, especially for the military. While searching frantically an idea that would allow me to disguise my intentions, I felt the power that each secret means, silence and lies that revealed not only the presence of the commander Rodrigo around, but my relationship with him invisible. Now, through him, the soldiers and I were joined by that bond too. The military patrol composed of four or five soldiers stopped our vehicle, which was also the only one who approached the village for many hours.



"Good morning. Down the car. Their papers, please. " An Italian soldier looked at my passport, he ordered me rest my hands on the ceiling, with arms stretched while another sought in my pockets, this requisitioned my waist and my legs. The other examined the car carefully, looking under the seats in each compartment and the trunk. Soldiers ojearon my notebook, check out my recorder and my camera, but dared not ask any questions about my presence there since that early morning on a Sunday. In fact, there was no need to offer any excuse for what we all knew already: the public secret of the presence of the commander Rodrigo and his men in San Roque, and my impending meeting with him. In our mutual silence because not exchange any words with the exception of greetings and goodbyes, we reveal our common bond with the commander Rodrigo.



The secret, according to Elias Canetti's account in his book Crowds and Power, Is the basis of power, Foucault says that power is tolerable only on condition that it mask a substantial part of itself. The secret, therefore, belong to the dark bowels of a society and its functions as a second world between the manifest world, a second body encased in the former. Wherever there is power, there are secret, but not just the secret behind the power base, but also the public secret, as stated by the anthropologist Michael Taussig, University of Columbia:



"What if the truth rather than a secret, a secret

public as is the case of social knowledge

Most importantly, know what there is to know? ... in fact,

Shared secrets are not these the foundations of our

social institutions, the workplace, the marketplace,

family and state? Is not this the most public secret

Interestingly, the most powerful, the most misleading and ubiquitous

active form of social knowledge? In comparison,

we call doctrine, ideology, conscience,

beliefs, values, and even speech degenerates into a

insignificance sociological and philosophical banality: from

fact is the role and life force of the public secret

to keep the border where the secret is not destroyed

when exposed, but subject to a completely

different revelation that does justice. "



In other words, the public secret Taussig is the oil that allows the wheels of society to give back. Without the knowledge public secret that hides actively shared-there would be no society, since it is the public secret that binds the social forces that are in conflict. In Colombia there is a secret bond that binds the public with silence, the secrecy of the truth



on the presence of paramilitaries and their alliances. "The silence and secrecy," he writes, are a shelter for power. "



If the public secret is the cement of society, ie the power base, then silence is the bond that unites the power and the public with a secret knowledge that can not be easily articulated words, in silence, and in the silence, is revealed and at the same time consolidating the power of control, which explains the aforementioned phrase Canetti.)



Once we said goodbye to the soldiers parked the car in front of the church, as agreed, and we expect few minutes before three men came and surrounded the car. After finding my identity and after a stressful confusion about my name, "one of the paramilitaries, in her twenties, got into the car and leave with him on San Roque by a narrow dirt road. We stopped in front of a humble house where a woman mopped the front. While parked on your property without permission or she did not show impatience or discomfort seems indifferent to our presence, continued his work as were there. It was a normal abnormality. People passing by on horseback, casting furtive glances and curious.



I joined the public secret increasingly Doblecero and paramilitaries. After one half hour at last came the commander Rodrigo driving a four-wheel truck, escorted by two men and a dog. They all wore military uniforms but the only one who wore dark glasses was the commander so I could not look into his eyes. All were heavily armed, each carrying a rifle with telescopic sight and a gun in his belt.



We were invited to go up to his truck and I sat forward, next to Rodrigo, who put his rifle next to my left leg and could not help noticing how cold metal pressed my thigh. "How many times have you been in Colombia?" He asked. "This is the fourth time. Colombian I almost feel at this point, "I replied jokingly. With this, the commander exploded in laughter as I considered spontaneous and open.



After traveling another dirt road for twenty minutes or so, we arrive at an abandoned cabin that was visible from a wide green valley. The beautiful and inviting landscape contrasted with the cool weapons of violence and war. We sat on a porch ready to begin our conversation, he showed off his glasses and a look that was anything but cruel, cold, or lying, was different to what I was expecting. Her large dark eyes puzzled me. I thought it would be hard to imagine this paramilitary commander in his role as father, with a quiet life with his wife and daughter, which could only visit underground and not very often, things to know later.



Doblecero took a pen and a sheet of paper in their hands and sketched a map of Colombia. "Draw some lines here, he said, and began to lecture on the history of their country. It began with the War of a Thousand Days and outlined political developments that led to violence and subsequent formation of the National Front in 1957. I turned on the recorder.



My meeting with Doblecero happened at a crucial and very difficult for him and his men. Faced a major military offensive by those who had been their allies, namely the AUC, led by Carlos Castaño, and the Colombian army, which-as stated by the public secret Medellin had always been his side, protecting and supporting her former officer. The infighting began when Doblecero refused to comply with the order given by Brown to demobilize and integrate the negotiating table with the Colombian government. The leader of the Bloque Metro had requested a separate forum to the negotiation, because he refused to sit with drug lords, as alias Don Berna, chief of the paramilitary group Bloque Cacique Nutibara, which was now after Doblecero and his men. The two rival factions have been fighting since May for the area where our interview was taking place just at the end of August 2003, and had already caused the displacement of 600 peasants. The Bloque Metro was losing the territory that had dominated for more than seven years, and only kept some municipalities under its control. Likewise, for the moment, 500 of his men had deserted to join its rival. Doblecero was losing the war. By late September the group was already destroyed and he had fled to the nearby Rodadero in the area of Santa Marta.





Resume contact by email in March 2004. On the conflict between paramilitaries me wrote:



"After we spoke last time it happened a number of facts, after which, our military structures have practically disappeared. That is something quite interesting from a political standpoint, since which for us has been shown that to deal with a joint attack by the armies of drug traffickers and the national government would have to resort to drug trafficking as a method of financing and terrorism as a method of struggle. They do not go according to our ideological views on the crisis in Colombian society and the role we should play ourselves into it as part of the solution and not part of its extension. Because of this balance we did and we decided not to appeal or to one or the other, we suffered a defeat, militarily, and we have preserved our ideology and our political structures. "



Doblecero I proposed to write the story of his life and for three months the Metro Bloc leader shared his testimony with me. His post was only occasionally long and frequent. Our conversation continued until a few days before he was assassinated on a street in Rodadero, 27 May 2004. She was 39.





Doblecero's testimony is unique because of the role he played during the years that the paramilitaries in Colombia extended its domain. Retired army officer, educated by Jesuits, had been commander Doblecero military adviser of the Castaño brothers and confidant of some sectors of the elite in Antioquia.



One night during a meeting with some friends in Medellin shared with them my work with Doblecero. A lawyer for Medellin, invited by one of my friends, was listening intently. When I finished my story the lawyer stood up and congratulated me for having known Doblecero. He said the paramilitary leader was a true patriot who sacrificed his life for his country. He was not like the other paramilitary leaders linked to drug trafficking, who undermined the project of the self-assured to the lawyer .Comparó Doblecero with members of Congress who were behind bars, accused of being accomplices of the paramilitary. He knew them personally and could ensure that all were true patriots who made deals with groups of self-defense only in the interests of the nation.

He had no head that would have made upon those arrests, which he considered profoundly unjust. Never, as that night in Medellin, as he listened to the lawyer, "I could feel and touch the passion and strong motivation for decades fueled the dark alliance between the death squads and some Colombian elites. All in the name, not of death and terror, but of life for a better life. These emotions and interests have deepened and prolonged the war, adding to the spiral of death and horror that has plunged the country into darkness.



In his conversations with me Doblecero never admitted that behind his ideas and intentions, which communicated with noble words and masked with honorable values, there was an unacceptable life of violence and death. The more I asked about their experience and their reasons, most struggled to justify and make sense of elections that had taken over his life



Perhaps trying to convince, as Medellin's lawyer, that his life had meaning and purpose. That all happened with his life had been for the good of Colombia that Doblecero always defined as a country "beautiful."



One day, he suddenly asked me: "You do think of this? What is the interest of their work? I would like to know more about their work. For me, until now, speak to you has been helpful and a form of self-analysis.



Maybe I'm still in the process of finding a comprehensive and satisfactory response to questions from Doblecero that tormented me for a while. Throughout my years of fieldwork in Colombia as an anthropologist, while collecting the testimonies of victims and paramilitaries, often came to my mind the story of Gilles de Rais, a psychopath who terrorized century France xv. This murderer was sexually abused, tortured and murdered hundreds

of French children, first kidnapping, hiding in one of his many castles, locked in a room of torture and death and then strangled while sexually stimulated. The final act, as often happened with the paramilitaries was to chop the bodies.



The French philosopher Georges Bataille provides an effective description of de Rais:

Imagine a reign of terror almost silent, which is always growing, and fear of reprisals from the victims parents hesitate to talk. The anguish is that of a feudal world where imposing shadows of great strengths ... In the presence of the fairytale castles of Gilles de Rais, who eventually people called Bluebeard's castle, we have an obligation remember the killings of these children, presided over by fairies witches but not a bloodthirsty man.



Bataille presents the horrors of De Rais without the slightest embarrassment, inviting the reader not to move away from violence. That attitude, not to deny violence, brightened my work on the paramilitaries in Colombia. I can not turn a blind eye to violence and consider it only as something aberrant and alien environment in which armed groups continue to multiply like crazy. Even when it is disturbing, Bataille's essay is an invitation to take on crime and perversion, like death, as integral parts of humanity, and a call to reject the temptation to exclude them. This point needs to be recognized if one day we propose an alternative to violence.



Bataille notes that violence violates bodily integrity, the order of things, and any limits. Suggests that de Rais can not be understood without considering the larger forces at play and found themselves in De Rais, and that this could not control: "His crimes arose from the huge mess that it decomposed, decomposing it, and disarticulated. In the quest to solve my academic curiosity about the violence of the paramilitaries,

I need to recover for analysis and research my own experience, the feeling fragmented and overwhelmed by this, I need to incorporate it into my philosophical reasoning about life and its dynamics. The universe, "wrote an American poet, is not composed of atoms but of stories, and this is the story of a man who ended up tangled in a vortex of terror and death. Doblecero's life is a reflection not only of the dirty war in Colombia, but thought "purge" that inspired and justified such violence. Hopefully this story, this part of a shared universe, serves to understand and to find a way out.



Aldo Civico

September 2009

PROLOGO DE "LAS GUERRAS DE DOBLECERO" POR ALDO CIVICO

 

Las guerras de “Doblecero”

 

Prólogo del libro

 

Mi encuentro con “Doblecero”

 

 

Mi celular sonó. Al otro lado de la línea, desde un lugar desconocido, un hombre con voz autoritaria me daba direcciones exactas e instrucciones claras. El comandante Rodrigo Doblecero, el fundador del sangriento grupo paramilitar Bloque Metro, había aceptado que lo entrevistara. Anoté las instrucciones: “Domingo, 8:30, en San Roque. Vaya hacia Puerto Berrío, pase Barbosa y vire a la derecha después de Cisneros. Nos encontramos en la plaza principal, al frente de la iglesia”. Era la llamada que había estado esperando. Mi estancia en Colombia durante el verano de 2003 tocaba a su fin. Los últimos tres meses los dediqué a viajar entre Medellín y el pueblo de Granada, en el oriente antioqueño, registrando los testimonios de personas víctimas del desplazamiento forzado y escuchando sus historias de horror. Los paramilitares y la guerrilla forzaron a millones de ciudadanos –sobre todo mujeres y niños– a abandona sus aldeas, generando en Colombia la peor crisis humanitaria del hemisferio occidental.

 

Estas personas fueron las primeras en proveerme de reveladores datos sobre el conflicto colombiano y sus complejas dinámicas. Ilustraron con gran detalle cómo hombres armados los habían despojado de sus pertenencias y desarraigado de sus tierras. Algunos, incluso, atestiguaron la matanza de sus seres queridos. Así, antes de mi esperada reunión con Doblecero, ya sabía de los paras y de los actos que a diario cometían, a través de las historias de sus víctimas. Sentí su presencia en el silencio de aquellos a quienes intentaba entrevistar, en sus susurros y en el desplazamiento temporal, físico y emocional de sus propios barrios a diversos sitios en donde se podían sentir más seguros para compartir sus historias. Era en la negación de su presencia a través del silencio que la panóptica realidad de los paramilitares me fue revelada. Apenas comenzaba mi trabajo de campo en Colombia y el comandante Doblecero sería el primer paramilitar con el que me encontraría frente a frente. Al amanecer, mientras Medellín aún dormía, partí para San Roque acompañado de un amigo. En Niquía, justo  en las afueras de Medellín, pasamos sin problemas por un retén del Ejército y enrumbamos hacia Puerto Berrío, pasando por Barbosa y Cisneros. De allí, un camino escarpado y sin pavimentar penetraba en un valle estrecho y verde, llevándonos a la altura de una meseta. Dejaba el mundo tal y como lo conocía detrás de mí; me disponía a penetrar una selva espesa, llena incertidumbres y peligros, como Marlow, el marinero que en El Corazón de las Tinieblas de Josep Conrad, viaja hacia un inexplorado territorio del África en busca de Kurtz, el jefe de una estación colonial.

 

“Estaba entrando en un mundo completamente desconocido

para mí. Las aguas, al ensancharse, fluían a través de

archipiélagos boscosos; extraviarse en aquel río era tan fácil

como perderse en un desierto; tratando de encontrar el

rumbo chocábamos todo el tiempo contra bancos de arena

–llegué a tener la sensación de estar embrujado, lejos

de todas las cosas una vez conocidas… lejos de todo… tal

vez en otra existencia… Aquellas grandes extensiones se

abrían ante nosotros y volvían a cerrarse, como si la selva

hubiera puesto poco a poco un pie en el agua para cortarnos

la retirada en el momento del regreso. Penetramos

más y más en la espesura del corazón de las tinieblas.”

 

A un paso muy lento y zigzagueando por cerca de catorce kilómetros, y no sin dificultad, alcanzamos una meseta después de casi dos horas. En el horizonte podíamos ver el pueblo de San Roque. En ese lugar comencé a entender cómo la geografía hostil había forjado la vida y la imaginación de la gente en ciertas regiones de Colombia, dificultándoles percibir a su país como una nación.

 

Durante el viaje procuré imaginar cómo sería mi cita con Doblecero y me preguntaba sobre su resultado. Para ese entonces no sabía mucho sobre él, apenas que había sido oficial de las Fuerzas Armadas colombianas, que al final de los años noventa había formado el Bloque Metro, el cual sembró el terror en Medellín y en Antioquia. Se enfrentaba en una lucha despiadada por Medellín con el Bloque Cacique Nutibara, que a finales de 2001 expulsó al Bloque Metro y subyugó la ciudad. Casi en San Roque encontramos otro retén militar en las afueras del pueblo y una nueva preocupación ocupó mis pensamientos puesto que no sabía cómo justificar mis cuadernos, la cámara fotográfica digital –y en última instancia– nuestra presencia como extranjeros en un lugar no apto para turistas. “¿Qué debo decir? ¿Qué debo revelar de mí y cuánto? ¿O debo inventar alguna historia? ¿Quizá debo decirles que soy periodista? ¿Y sobre qué escribo?” Decidí no revelar lo de mi encuentro con el comandante Rodrigo –aunque su presencia en la región, estaba seguro, no era un secreto, especialmente para los militares–. Mientras buscaba frenéticamente una idea que me permitiera disfrazar mis propósitos, experimentaba el poder que cada secreto implica, el silencio y la mentira que revelaba no sólo la presencia del comandante Rodrigo en los alrededores, sino mi lazo invisible con él. Ahora, a través suyo, los soldados y yo estábamos unidos por ese lazo también. La patrulla militar, integrada por cuatro o cinco soldados, detuvo nuestro vehículo, que además era el único que se acercaba al pueblo en muchas horas.

 

“Buen día. Bajen del coche. Sus documentos, por favor”. Un soldado miró mi pasaporte italiano, me ordenó apoyar las manos en el techo, con los brazos estirados y mientras que otro buscaba en mis bolsillos, este requisaba mi cintura y mis piernas. Los demás examinaron el vehículo con cuidado, mirando bajo los asientos, en cada compartimiento, y el baúl. Los soldados ojearon mi cuaderno, revisaron mi grabadora y mi cámara fotográfica, pero no se atrevieron a hacer ninguna pregunta acerca de mi presencia en ese lugar y a esa temprana hora de la mañana de un domingo. De hecho, no había necesidad de ofrecer ninguna excusa para explicar lo que ya todos sabíamos; el secreto público de la presencia del comandante Rodrigo y sus hombres en San Roque, y de mi inminente encuentro con él. En nuestro recíproco silencio –porque no intercambiamos ninguna palabra a excepción de saludos y despedidas– revelamos nuestro lazo en común con el comandante Rodrigo.

 

El secreto, según cuenta Elías Canetti en su libro Masa y Poder, es la base del poder, y Foucault agrega que el poder es tolerable solamente bajo la condición de que enmascare una parte substancial de sí mismo. El secreto pertenece así a los intestinos oscuros de una sociedad y sus funciones, como un segundo mundo entre el mundo manifiesto, un segundo cuerpo encajonado dentro del primero. Dondequiera que haya poder, hay secreto, pero no es sólo el secreto el que sustenta la base del poder, sino también el secreto público, como lo afirma el antropólogo Michael Taussig de la Universidad de Columbia:

 

“¿Qué pasa si la verdad, más que un secreto, es un secreto

público, como es el caso del conocimiento social

más importante, saber lo que no hay que saber?... de hecho,

¿no son secretos compartidos las bases de nuestras

instituciones sociales, el lugar de trabajo, el mercado, la

familia, y el Estado? ¿No es este secreto público la más

interesante, la más poderosa, la más engañosa y ubicua

forma de conocimiento activo social? En comparación, lo

que nosotros llamamos doctrina, ideología, conciencia,

creencias, valores, e incluso, discurso, degenera en una

insignificancia sociológica y una banalidad filosófica: de

hecho es la función y la fuerza vital del secreto público

el mantener la frontera donde el secreto no es destruido

al ser expuesto, sino sujeto a una forma completamente

diferente de revelación que le hace justicia.”

 

En otras palabras, para Taussig el secreto público es el aceite que permite que las ruedas de la sociedad den vuelta. Sin el secreto público –un conocimiento compartido que se oculta activamente– no habría ninguna sociedad, puesto que es el secreto público el que liga las fuerzas sociales que están en conflicto. En Colombia hay un lazo que ata al secreto público con el silencio, al secreto con la verdad

 

sobre la presencia de los paramilitares y sus alianzas. “El silencio y el secreto –escribe Foucault– son un abrigo para el poder”.

 

Si el secreto público es el cemento de la sociedad, es decir, la base del poder, entonces el silencio es el lazo que une al poder y al secreto público con un conocimiento que no puede ser articulado fácilmente Es decir, en el silencio, y en el silenciar, se revela y se consolida al mismo tiempo el poder del control, lo cual explica la ya citada frase de Canetti.}

 

Una vez nos despedimos de los soldados estacioné el carro al frente de la iglesia, según lo acordado, y esperamos algunos minutos hasta que tres hombres llegaron y rodearon el carro. Tras haber comprobado mi identidad –y luego de una tensionante confusión en torno a mi apellido– uno de los paramilitares, de veintitantos años, se montó en el carro y con él a bordo abandonamos San Roque por un camino destapado y estrecho. Paramos frente a una casa humilde en donde una mujer trapeaba el frente. Aunque parqueamos en su propiedad sin pedir permiso ella no demostró ni impaciencia ni molestia alguna Aparentemente indiferente a nuestra presencia, continuó su tarea como  estuviéramos allí. Era una normal anormalidad. Gente a caballo pasaba por ahí, lanzando miradas furtivas y curiosas.

 

 El secreto público me unía cada vez más con Doblecero y los paramilitares. Pasada una media hora al fin llegó el comandante Rodrigo conduciendo una camioneta cuatro por cuatro, escoltado por dos hombres y un perro. Todos vestían uniformes militares pero el único que usaba gafas oscuras era el comandante por lo cual me fue imposible mirarlo a los ojos. Todos estaban fuertemente armados –cada uno llevaba un rifle con mira telescópica, así como un arma al cinto–.

 

Nos invitaron a que subiéramos a su camioneta y yo me senté adelante, al lado de Rodrigo, quien puso su rifle al lado de mi pierna izquierda y no podía dejar de notar cómo el metal frío presionaba mi muslo. ¿“Cuántas veces ha estado en Colombia?” me preguntó. “Esta es la cuarta vez. Casi me siento colombiano a este punto,” le respondí bromeando. Con esto, el comandante explotó en una risa que juzgué espontánea y abierta.

 

Tras recorrer otro camino destapado durante veinte minutos, más o menos, llegamos a una cabaña abandonada desde la que se divisaba un ancho y verde valle. Lo bello y acogedor del paisaje contrastaba con las frías armas de la violencia y de la guerra. Nos sentamos en un pórtico listos a comenzar nuestra conversación, se quitó las gafas y reveló una mirada que era cualquier cosa, menos cruel, fría, o mentirosa; era diferente a lo que estaba esperando. Sus ojos grandes y oscuros me desconcertaban. Pensé en que no sería difícil imaginarse a este comandante paramilitar en su rol de padre, con una vida tranquila, con su esposa e hija, a las cuales sólo podía visitar clandestinamente y no muy a menudo, cosas que sabría más adelante.

 

Doblecero tomó un bolígrafo y una hoja de papel en sus manos y bosquejó el mapa de Colombia. “Dibujemos algunas líneas aquí, me dijo, y comenzó a dar una conferencia sobre la historia de su país. Empezó con la guerra de los Mil Días y resumió los acontecimientos políticos que llevaron a la Violencia y posterior formación del Frente Nacional, en 1957. Yo encendí la grabadora.

 

Mi reunión con Doblecero sucedió en un momento crucial y muy difícil para él y sus hombres. Hacían frente a una gran ofensiva militar por parte de los que habían sido sus aliados, a saber, las AUC, lideradas por Carlos Castaño, y el Ejército colombiano, el cual –como lo dice el secreto público en Medellín– había estado siempre de su lado, protegiendo y apoyando a su antiguo oficial. La lucha interna comenzó cuando Doblecero se negó a cumplir la orden impartida por Castaño de desmovilizarse e integrar la mesa de negociación con el gobierno colombiano. El líder del Bloque Metro había solicitado un foro separado al de la negociación, pues él se rehusaba a sentarse con poderosos narcotraficantes, como alias don Berna, jefe del grupo paramilitar Bloque Cacique Nutibara, que ahora estaba tras Doblecero y sus hombres. Las dos facciones rivales llevaban luchando desde mayo por el área donde justamente se desarrollaba nuestra entrevista, a finales de agosto de 2003, y ya habían provocado el desplazamiento de 600 campesinos. El Bloque Metro estaba perdiendo el territorio que había dominando por más de siete años, y solamente mantenían algunos municipios bajo su control. Así mismo, para este momento, 500 de sus hombres ya habían desertado para unirse a su rival. Doblecero estaba perdiendo la guerra. Para finales de septiembre su grupo ya estaba aniquilado y él había huido para refugiarse en cercanías del Rodadero, en el área de Santa Marta.

 

 

Reasumimos el contacto por correo electrónico en marzo de 2004. Sobre la lucha entre los paramilitares me escribió:

 

Después de que hablamos la última vez se sucedieron una serie de hechos, después de los cuales, nuestras estructuras militares prácticamente han desaparecido. Eso es algo bien interesante desde el punto de vista político, puesto  que para nosotros ha quedado demostrado que para enfrentar una agresión conjunta de los ejércitos de los narcos y del gobierno nacional, habría que recurrir al narcotráfico como método de financiación y al terrorismo como metodología de lucha. Ambos no van de acuerdo con nuestras concepciones ideológicas sobre la crisis de la sociedad colombiana y sobre el rol que deberíamos jugar nosotros en ella como parte de la solución y no como parte de su prolongación. Debido a este balance que hicimos y que decidimos no recurrir ni a lo uno ni a lo otro, hemos sufrido una derrota, en el aspecto militar, y hemos preservado nuestra ideología y nuestras estructuras políticas.”

 

Le propuse a Doblecero escribir la historia de su vida y durante tres meses el líder del Bloque Metro compartió su testimonio conmigo. Sus correos eran sólo ocasionalmente largos y frecuentes. Nuestra conversación continuó hasta unos pocos días antes de ser asesinado en una calle del Rodadero, el 27 de mayo de 2004. Tenía 39 años.

 

 

El testimonio de Doblecero es único debido al papel que desempeñó durante los años en que el paramilitarismo amplió su dominio en Colombia. Oficial retirado del Ejército, educado por jesuitas, el comandante Doblecero había sido consejero militar de los hermanos Castaño y hombre de confianza de algunos sectores de la elite antioqueña.

 

Una noche, durante una reunión con algunos amigos en Medellín compartí con ellos mi trabajo con Doblecero. Un abogado de Medellín, invitado por uno de mis amigos, se encontraba escuchando con atención. Cuando terminé mi historia el abogado se levantó y me felicitó por haber conocido a Doblecero. Él me aseguró que el líder paramilitar había sido un patriota auténtico que sacrificó su vida por su país. Él no era como los otros líderes paramilitares ligados al narcotráfico, quienes minaron el proyecto de las autodefensas –aseguró el abogado–.Comparó a Doblecero con los miembros del Congreso que se encontraban tras las rejas, acusados de ser cómplices del paramilitarismo. Él los conocía personalmente y podía garantizar que todos eran verdaderos patriotas que hicieron tratos con los grupos de autodefensas solamente en beneficio de la nación.

No le cabía en la cabeza que hubieran hecho efectivas tales detenciones, las cuales consideraba profundamente injustas. Nunca, como esa noche en Medellín –mientras escuchaba a ese abogado–, pude sentir y tocar la pasión y la fuerte motivación que durante décadas alimentó la alianza tenebrosa entre las escuadrillas de la muerte y ciertas élites colombianas. Todo en el nombre, no de la muerte y del terror, sino de la vida; de una vida mejor. Tales emociones e intereses han prolongado y profundizado la guerra, sumándose al espiral de muerte y de horror que sume al país en la oscuridad.

 

En sus conversaciones conmigo Doblecero nunca reconoció que detrás de sus ideas y de sus intenciones, las cuales comunicaba con palabras nobles y enmascaraba con valores honorables, había una vida inaceptable de violencia y de muerte. Cuanto más le preguntaba sobre su experiencia y sobre sus motivos, más luchaba por justificar y darle sentido a las elecciones que había tomado durante su vida

 

Intentaba quizá convencerse, al igual que el abogado de Medellín, de que su vida había tenido un significado y un propósito. Que todo lo sucedido con su vida había sido por el bienestar de Colombia, que Doblecero definió siempre como un país “hermoso”.

 

Un día, repentinamente, me preguntó: ¿“Usted qué piensa de todo esto? ¿Cuál es el interés de su trabajo? Quisiera saber más sobre su trabajo. Para mí, hasta ahora, hablar con usted ha sido útil y una forma de autoanálisis”.

 

Quizá todavía estoy en el proceso de encontrar una respuesta integral y satisfactoria a las preguntas de Doblecero, que me atormentaron durante un tiempo. A lo largo de mis años de trabajo de campo en Colombia como antropólogo, mientras recogía los testimonios de víctimas y de paramilitares, muchas veces me vino a la mente la historia de Gilles de Rais, un psicópata que aterrorizó a la Francia del siglo xv. Este asesino abusó sexualmente, torturó y asesinó a centenares

de niños franceses; primero los secuestraba, escondiéndolos en uno de sus muchos castillos, los encerraba en una sala de tortura y de muerte y luego los estrangulaba mientras que se estimulaba sexualmente. El acto final –como sucedió a menudo con los paramilitares– consistía en picar los cadáveres.

 

El filósofo francés George Bataille ofrece una descripción eficaz de De Rais:

Imaginemos un reino del terror casi silencioso, el cual no para de crecer, y por el miedo a las represalias los padres de las víctimas vacilan para hablar. La angustia es la de un mundo feudal sobre el cual se imponen las sombras de grandes fortalezas… En la presencia de los castillos de cuentos de hadas de Gilles de Rais, los cuales eventualmente la gente llamará los castillos de Barba Azul, tenemos la obligación de recordar las matanzas de estos niños, presididas no por hadas hechiceras sino por un hombre sediento de sangre.

 

Bataille presenta los horrores de De Rais sin la más mínima vergüenza, invitando al lector a no alejarse de la violencia. Esa actitud, de no negar la violencia, iluminó mi trabajo sobre los paramilitares en Colombia. No puedo cerrar los ojos frente a la violencia y considerarla sólo como algo aberrante y ajeno al medio en el cual los actores armados siguen multiplicándose como locos. Aún cuando resulte perturbador, el ensayo de Bataille es una invitación a asumir el crimen y la perversión, al igual que la muerte, como partes integrantes de la humanidad, así como un llamado a rechazar la tentación de excluirlos. Este punto necesita ser reconocido si un día queremos proponer una alternativa a la violencia.

 

Bataille destaca que la violencia transgrede la integridad del cuerpo, el orden de las cosas, y cualquier límite. Sugiere que De Rais no puede ser entendido sin considerar las fuerzas más grandes que están en juego y que se encontraron en De Rais, y que este no pudo controlar: “Sus crímenes se originaron desde el inmenso desorden que lo descomponía, que lo descomponía, y lo desarticulaba”. En la búsqueda de solucionar mi curiosidad académica sobre la violencia de los paramilitares,

necesito rescatar para el análisis y la investigación mi propia experiencia, el sentirme fragmentado y abrumado por esta; necesito incorporarla en mi raciocinio filosófico sobre la vida y sus dinámicas. El universo –escribió un poeta estadounidense–, no esta constituido por átomos sino por historias, y esta es la historia de un hombre que terminó enmarañado por una vorágine de terror y muerte. La vida de Doblecero es un reflejo no solamente de la guerra sucia de Colombia, sino del pensamiento “purgante” que ha inspirado y justificado tanta violencia. Ojalá esta historia, esta parte de un universo que compartimos, sirva para comprender y para encontrar alguna salida.

 

Aldo Cívico

Septiembre de 2009

miércoles, julio 22, 2009

EN SECRETO "LOS PARAMILITARES"

En secreto

(primera entrevista a Carlos Castaño, y a el entonces conocido como Raúl, posteriormente conocido como Rodrigo o doblecero. Publicada como parte de un libro llamado "en secreto" de Germán Castro Caycedo. Se publica en este blog la parte de la crónica correspondiente a "Raúl". ) Año de 1995.

Los Paramilitares (fragmentos)

Segundo día abordo de las autodefensas de Córdoba y Urabá. Otra mañana toldada de nubes. A las 5:30 escuchamos cascos de caballos rastrillando las piedras húmedas del piso de la pesebrera y, cuando aclaró definitivamente el día, conté seis, ensillados y listos. La pesebrera es cubierta y espaciosa, y se puede pensar que construida en función de grupos numerosos de jinetes. En ese sentido es acorde con la casa, aparentemente proyectada para dar albergue a mucha gente. En la cocina desayunan ocho hombres bien armados sin pronunciar una sola palabra. Contestan el saludo con una mueca y clava nuevamente los ojos en las tasas grandes de chocolate y los platos con un trozo de carne sudada y abundantes tajadas de plátano frito. Afuera, algunos esperan turno sentados en el suelo y recostados contra sus morrales. El armamento descansa a su lado. Las citas con Carlos Castaño no tienen hora fija. El aparece y desaparece como un espanto. Anoche se despidió luego de hablar cerca de tres horas, pero ahora nos damos cuenta que no durmió allí mismo y no preguntamos a qué hora ha de llegar por qué, seguramente nadie lo sabe la estancia.

Unos minutos después aparece Raúl, el comandante militar de las autodefensas. Es un hombre joven y delgado. Viste ropa de camuflaje, sombrero de Ranger, chaleco antibalas a pesar de las temperaturas violentas de la región, botas militares de tela, arma larga y arma corta, granadas en la pretina y munición en los tirantes que sostienen el cinturón, de por sí pesado por la carga de las granadas y el armamento.

Raúl es un oficial retirado del ejército. No cuenta cuál era su grado, pero, por la edad, podría pensarse en un capitán, por lo menos con tres años de veteranía en su rango. ¿Donde acampó la noche anterior? No se lo pregunté. Acaba de llegar al sitio con una buena escolta. En la pequeña plazoleta que forman las construcciones hay tres camionetas descubiertas, diferentes a las que vi el día anterior. Al parecer el plan de Castaño es visitar durante el día algunos sitios a caballo y otros en carro. Antes de despedirnos habíamos hablado de la posibilidad de conocer escuelas de formación de "reclutas" y escuelas para combatientes más avanzados. Raúl dice que no tiene ni idea de los planes de Castaño

un poco después del desayuno colocan una mesa más allá de la cocina y encima de ella fajos de billetes de diez mil, cinco mil y dos mil pesos. Al parecer el día de pagos.

¿Hablamos?-Le propongo a Raúl y dice que si. Tiene autorización de su comandante.

¿De qué quiere que hablemos? -Pregunta.

-Un poco de la historia reciente. Anoche se quedó engarzada en la punta de la cinta una época crucial para ustedes: puerto Boyacá, tal vez año 88, la llegada narcotráficos organización, los mercenarios, una cadena de matanzas...

-sí. Hay que hablar de eso. Es que el mismo comandante dejó la cuestión sobre el tapete. Es ocho lo veo muy sencillo porque la lucha en Córdoba se divide en dos etapas:

la primera entre el 88 y el 90. En esa, prácticamente se liberó a Córdoba de guerrilla pero se cometieron errores, se avanzó hacia cosas complicadas. ¿Como cuáles?. Hombre, como que nuestros combatientes en esa época no eran de la región. Venían de puerto Boyacá, de Medellín, del Magdalena medio. Ellos no se identificaban con la gente de la región y cometían excesos contra la población civil, eran muy duros con ella y si nosotros sancionamos, inmediatamente se iban. Eran mercenarios y lo que les importaba era hacer las cosas para justificar su trabajo y cobrar. Esa gente estaba por la plata y, además, no tenían la idea de ganarse a la población civil como medio para ganar la guerra.

Con los combatientes están también por un sueldo, pero más allá de la Plata, tienen una causa, son de aquí, se mueven entre sus parientes y amigos que son el resto de los habitantes, y tienen por qué luchar: su tierra, su familia, su futuro. Ellos no procede mal control campesino por que saben que si lo hacen, los expulsamos del grupo y, además, tienen que quedarse aquí respondiéndole a su misma comunidad por los errores. Hoy, en la guerra que estamos viviendo, la población civil en la que inclina la balanza del éxito. Ella es quien dice quién se queda aquí: nosotros o la guerrilla. Afortunadamente como que la guerrilla no ha comprendido eso.

Después de la época 88-90 vino el proceso de paz con el EPL. Lo habíamos golpeado mucho militarmente, vino la caída de la Unión Soviética y fue disminuyéndose. Eso lo llevó a apartar la paz, condicionada al desarme de las autodefensas. Entregamos 350 fusiles y se desmovilizó nuestra organización, que era un grupo de mercenarios, y ellos se fueron a ser lo que sabían hacer a Medellín y el Magdalena medio y así hubo paz dos años.

Al cabo de ese tiempo, las FARC entraron a ganar los terrenos que había dejado el EPL y se hablo con la guerrilla para que respetaran esas zonas que habían sido ganadas con la sangre; se les planteó que no entraran allí. Sin embargo, empezaron a robar y a secuestrar y cuando se les decía, respondía que quien robaba y mataba era el EPL de Caraballo y viceversa. Entonces nos volvimos a armar para defendernos y se volvió aprender la guerra.. y aquí estamos.

Se escuche el motor de un carro deteniéndose y la gente conversa afuera del quiosco se calla. Ha llegado castaño. Hablamos de puerto Boyacá, de ese pasado que al parecer se conserva vivo en la cabeza de la gente el resto el país, le digo, y dice que le gusta hablar de ese momento lo resume así:...

Raúl había permanecido callado escuchando a castaño que demuestra un ascendiente y una autoridad fulminante sobre los demás. Un movimiento leve, una simple mirada, hace que quienes lo rodean reaccionan en forma inmediata a sus deseos. Aquí todos están en función del comandante, como le dicen con un gran respeto.

Pero esta mañana el comandante abandonó unos minutos la conversación porque alguien lo llamó fuera del quiosco y el tema de los derechos del ser humano vistos desde la zona de guerra siguió en el ambiente; Raúl aceptó complementar la idea es de su grado su alterno pero, a la vez, del líder que está permanentemente al mando directo de sus hombres. Para él es falso que las autodefensas no enfrenten directamente a la guerrilla como lo dice un sector de la opinión, orientada por una prensa que piensa de esa manera.

Lo que sucede en realidad -dice- es que en esta guerra cae mucha población civil y, ¿sabe por qué? Porque las dos terceras partes de la fuerza efectiva de la guerrilla no tiene armas y está actuando como población civil. Si hay 30 guerrilleros acampados en una zona, alrededor tienen 60 milicianos que son guerrilleros de segunda categoría y están actuando con el radio de comunicaciones, con el arma corta, están cumpliendo funciones logísticas, de apoyo, están haciendo inteligencia, reemplazos. ¿Qué pasa? Que la autodefensa entra esa zona y golpe al guerrillero, así sea de primera o de segunda categoría, pero ante los ojos del país es de nueve un guerrillero sino un civil.

Aquí estamos viviendo una guerra civil y eso no lo comprenden en el exterior. Entonces no se trata aplicar fórmulas extranjeras que dicen que sólo los combatientes deben pelear contra los combatientes. Aquí la cosa más compleja de lo que se puede mirar en la ciudad o en el exterior. Es que aquí los civiles empuñan armas, apoyan. Si yo salgo sin armamento Apartadó y me dan de baja los guerrilleros, a los ojos de la prensa mataron a un civil, pero a los ojos de la guerrilla yo no soy un civil. Yo soy el comandante que estaba haciendo equis o ye cosa en el pueblo.

Ese es uno de los impedimentos grandes que tiene el ejército. Es que al Ejército se le pueden atravesar los guerrilleros del frente y puede saber que son guerrilleros y no les puede hacer nada porque no tienen armas. Entonces los militares dicen: "yo para que hubiera de detener ese tipo si un fiscal me lo suelta al otro día y si el fiscal se amarra los pantalones y lo mete a la cárcel, de pronto llega un presidente pacifista, lo saca de la cárcel y le da un taxi. Entonces yo para que me voy a poner en trámites jurídicos, para que me voy a poner a cargar un detenido, para que me voy a complicar la vida, a pasar informes, a que me denuncien ante la Procuraduría... es mejor para mí conjugar el verbo estar: es decir no ponerme a hacer si no a estar. Mejor dejo al guerrillero quieto"

Ahí sucede lo mismo cuando pasan las patrullas por los cultivos de coca. En ese caso dicen los comandantes militares: "si yo llamo e informo, e inmediatamente me van a poner a boliar machete ocho días con vigente y ésa no es mi misión. O si lo hago, mientras acabó con la coca me van a emboscar y me van a matar". Entonces ese tipo se queda callado.

Es que si hubiera apoyo y del llamada dividiera una avioneta de fumigación y rociar a, pues informaba. Pero aquí, por ejemplo en Urabá, las patrullas pasan por los cultivos de coca con la boca cerrada. Esto es algo similar a lo de parte de la población inerme que cae en la guerra.

¿Cual es el poder de la guerrilla en la zona?

Aquí las FARC tienen lo que llama el bloque José María Córdoba que lo dirige Iván Márquez. Tiene el quinto frente que es el frente madre, o sea, el más antiguo y del cual se mantendrán y creando nuevos frentes. Están el frente 18, el 34, el 58 y las milicias bolivarianas que operan con otro frente. De acuerdo con nuestros informes de inteligencia, en esta región les calculamos entre 1000 y 1200 hombres en armas.

A informaciones fragmentarias que señalan como se están desplazando otros frentes aseguraba, con el fin de contrarrestar la acción de los grupos de autodefensa. En estos momentos la situación del día es una concentración grande de guerrilla. Se rumora que están concentrando la máxima cantidad posible con el fin de incursionar en estas zonas y tratar de aniquilar los porque ya han perdido áreas grandes..

Tres guerrilleros pelean con 10 soldados, porque los guerrilleros están, primero, esperando y, segundo, en terreno propio. Es decir, que una patrulla de 30 soldados puede ser aferrada al terreno y detenida allí por 10 guerrilleros. ¿Cómo le frenan ese avance? Haciéndole una emboscada, retirándose, haciéndole otra, retirándose.

El ELN tiene un frente al cual le dicen el boche, un nombre indígena. Cuenta aproximadamente con 200 hombres en armas. Opera en la zona de Urabá y cuenta también con milicias, algo así como las divisiones urbanas y semiurbanas, y guerrilleros de segunda categoría que prestan apoyo logístico y de inteligencia los frentes de combate. En este momento no hemos llegado donde opera el ELN (de Chigorodó lo hacia adentro, hacia Murindó, hacia Vigía del fuerte...). Ellos han hecho operativos contra nuestra gente en el área urbana de la zona bananera.

El EPL línea Caraballo tiene el frente Bernardo franco. Son aproximadamente de unos 120 hombres en armas y en estos momentos trabajan a nivel de la Coordinadora guerrillera. Ante la problemática que está viviendo la región, se vieron obligado a un irse con las FARC.

Pero, quiérase o no, el campesino es el centro esta guerra ¿qué pasa con él? Lo que uno palpa aquí es que el país se desmorona en territorios dominados por uno u otro bando. Y el estado parece un testigo mudo de ese fraccionamiento....

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En tanto, Raúl me explica algo de la organización de las autodefensas de Córdoba y Urabá: la parte militar está organizada por grupos -dice- los grupos tienen que ver con las áreas.  Hay unas consolidadas por la autodefensa, otras que están en disputa y otras en las cuales está consolidada la guerrilla. Los grupos son tres: los de choque - como este- que están entrenados, capacitados y dotados con armamento de guerra.

Están armados con ametralladoras M60, fusiles, granadas de mano, granadas de fusil y lanzacohetes. Es un buen armamento, porque mire una cosa: en este momento en el mercado internacional de armas de infantería, no hay armas más modernas que otras. Hay estandarización. Por ejemplo, un fusil de tres hace lo mismo que un galil, que un R15, que un M16, entonces no se puede decir que la guerrilla este mejor armada que nosotros, o viceversa. Hoy estamos a la par, en cuanto a calidad de armamento, el Ejército, la guerrilla y nosotros. Otra cosa es que de pronto, algunos fusiles disparan cinco cartuchos más por segundo o que tenga 200 metros más del alcance  o que uno sea más resistente a los golpes que otro. Eso es otra cosa.

La misión de los grupos de choque es compartir al enemigo en sus propias áreas. Son grupos de ofensiva cuya tarea es localizar a la guerrilla donde se encuentre en sus áreas de descanso, en sus áreas de apoyo, en sus campamentos y atacarla, pues se sabe, por estrategia, que la mejor forma de defenderse es pasándolo a la ofensiva. Normalmente cada grupo está compuesto por unos 40 hombres y es el equivalente a un pelotón del ejército.

Grupo de apoyo, distribuidos en las veredas. Son campesinos, también con armamento de guerra, material de comunicaciones, entrenamiento de combate y su misión es defender las veredas de las incursiones de la guerrilla. Su armamento también es de guerra pero ya no están tan entrenados como los anteriores. Es que su misión no es guerrear sino defender. Es tan entrenados en técnicas de defensa. Son campesinos natos que, debido a la situación que se vive en el campo colombiano, hallaron la alternativa de buscar seguridad y paz. Si usted le pregunta cualquiera de ellos como se toman campamento el enemigo, no sabe. Pero si la guerrilla viene, si sabe como la burla, como le dispara, hace cinco o seis tiros, si puede dar de baja un guerrillero lo da de baja o si no se retira y se ubica en otra posición. De las áreas consolidadas por la autodefensa, la guerrilla dice que están pobladas por sicarios y paramilitares. Entonces vienen y hacen incursiones y matan todo lo que ven. Hace un par de meses entraron a el Tambo y mataron a cuatro personas e incendiaron once casas. No hubo más bajas porque el resto se logró volar. La misión de los grupos de apoyo es defender las veredas. Están compuestos por campesinos que laboran normalmente durante el día, pero mantiene su armamento cerca del sitio de trabajo. Por las noches, o cuando la situación lo requiera, se organizan y montan emboscadas, hacen patrullajes, cubren sitios críticos.

Si en una vereda ahí, por decir algo, ocho personas como grupo de apoyo pero ese número no basta para tener una incursión de 100 guerrilleros, aunque por estrategia, cuando se está peleando en el terreno propio, dos o tres hombres son capaces de contener un ataque, cuando se presenta la emergencia piden apoyo y los grupos de las demás veredas se desplazan a apoyarlos. En cuestión de una o dos horas pueden reunirse 40 o 50 hombres tomando dispositivo de combate. Si a eso le sumamos que se trata de áreas en las cuales todo el mundo nos ayuda, entonces a la guerrilla se le hace difícil entrar a incursionar, pese al enorme poder militar que tienen esa zona de Urabá.

Grupos de base. Son el resto de la población civil, el resto el campesinado. Gente con una exclusión sobre comunicaciones, sobre inteligencia, sobre la situación de la región, prestan servicios de inteligencia, avisan todo lo que viene. Si viene  una patrulla del ejército van, le hacen inteligencia, lo reconocen, lo reportan. Si viene  la guerrilla, igual. Saben distinguir entre ejército y guerrilla sabe cuando somos nosotros y tienen una red de comunicaciones que funciona permanentemente.

Ahí áreas que han perdido importancia para la guerra. Por ejemplo para nosotros el área de Montería: allí no necesitamos aparatos de inteligencia montados porque son los que llamamos nuestras "zonas de frontera". Allá los campesinos viven tranquilos, la zona ya fue recuperada y es difícil que caiga una vez más porque ese campesino ya vivió una etapa de invasión guerrillera y no va a permitir que vuelva a pasar eso.

Entonces, cualquier embrión que vaya resultando por allá, inmediatamente vienen e informa. En nuestra retaguardia, por donde hemos liberado, fenómenos de delincuencia común, fenómenos de guerrilla que vayan apareciendo, eso se sabe aquí y va con  ellos la patrulla hasta allá.

Y ¿el ejército? ¿Cual la diferencia entre autodefensas y ejército, digamos en cuanto a su accionar frente a la guerrilla? Le pregunto y Raúl se mete en el campo de la técnica de la guerra, en las montañas de Colombia, Sur América, aquí con esta geografía y con este hombre del que cuelgan muchas muchísimas décadas de olor a pólvora.

Hombre, las diferencias son demasiadas-dice-pero pongamos ejemplos reales. Una es la burocracia del ejército: en la guerra hay muertos, es cosa lógica. En un combate hay muertos, pero el oficial del ejército lo califican negativamente cuando los tiene. ¿Qué sucede? Imaginémonos a un capitán que le faltan dos meses para irse a ser curso de mayor. El tipo dice: "a mí me faltan dos meses, mi hoja de vida está limpia. En este tiempo no movía arriesgar mi tropa para que me maten a un soldado y me quiten un fusil y se me dan el ascenso". Entonces él si opera, pero con la siguiente estrategia: paso dado, paso asegurado. Para hacer eso, arranca con una o dos patrullas; una se sube a un cerro y lo asegura. Cuando está asegurado se sube la otra a otro cerro. Y así en adelante: una avanza, asegúrese detiene, otra a un paso adelante, asegúrese detiene: una, otra, una ,otra. De serlo en cerro. Pero mientras aseguran posiciones, lo único que consiguen es que los detecten de lejos y los respeten. Como vienen subiendo cerros, paso a paso, entonces en un cerro de esos, la guerrilla pone 10 tipos esperarlos y antes del que aseguren la cima, los agarran a candela y los distraen, uno, dos días, de manera que, mientras se toman en cerro, los guerrilleros se han ido..

Con esa estrategia, el ejército no pierde gente, pero tampoco hace nada. Es que mientras ellos hacen una guerra regular, aquí estamos en guerra de guerrillas que es algo muy diferente.

Hoy lo que la autodefensa campesina cubren seis horas, el ejército lo caminan tres días porque nosotros nos metemos en profundidad, y arriesgamos, porque lo normal es que haya bajas en la guerra. Lo demás sería anormal. Entonces lo que hacemos es planear el operativo: para eso, sabemos que la guerrilla está en determinada zona, rodeada por su base de apoyo, por sus informantes, rodeada por un colchón de seguridad. Para llegarles, nosotros tratamos una ruta aproximación y nos infiltramos con gente entrenada para aguantar marchas largas. Con ella y con buenos guías, nos metemos en profundidad utilizando la noche, utilizando el terreno, pasando por donde no haya casas, por donde no haya perros y les llegamos. Póngale que hacemos una marcha 20 km de la noche y le amanecemos a la guerrilla las narices, la golpeamos y salimos. No nos quedamos allí esperando a que respondan, porque inmediatamente la guerrilla -que tiene el control de la zona y que tiene el control del área- está incapacidad de agarrar a un grupo de comando de nosotros y aniquilarlo. Es la estrategia de la pulga: brinca y pica, brinca y pica.

Ahora le voy a pintar otro ejemplo de la vida real. Donde el éxito quisiera hacer una marcha en profundidad no podría por qué, para comenzar, el soldado lleva 50 kilos a la espalda. Échese un bulto de cemento la espalda a ver cuánto puede caminar. En cambio nosotros andamos muy livianos. En esas jornadas, un combatiente o nuestros de un poncho plástico para atenderlo en el piso y dormir ahí. Ese mismo le sirve para protegerse sin red. Y lleva una bolsita con munición de reserva y ración de comida. Nada más la ración para un día son tres carritos de leche condensada, dos salchichas, una lata de sardinas o de atún y avena.

El soldado, no. El ente y de quedarse en el área. Por tanto tiene que encaramarse en la espalda muchos cacharros. Y la cosa se le pone más difícil porque, después de que pierde la sorpresa del operativo, que es casi siempre, quiere seguir persiguiendo a la guerrilla. Pero después de que uno pierde la sorpresa y sigue, lo negó consigues una emboscada.

Ahora: cuando nosotros hemos combatido adentro o cuando hemos perdido la sorpresa, salimos como entra el ejército: nos subimos a un cerro, nos subimos al otro cerro, sabemos cruzar una cañada, sabemos salvar este u otro obstáculo, porque ya de salida ellos nos están esperando.

En los combates ellos interfieren nuestras comunicaciones y muchas veces nos han dicho por radio: "ahora sí se volvieron, hijueputas: se pusieron a jugar con candela y aquí se van a quemar todos. De aquí no salen" y efectivamente, en una forma muy efectiva, han intentado cercar a nuestras patrullas para no dejarla salir. Por ejemplo a este muchacho que vino ahora, a él lo mandaron a un operativo y lo encerraron y se estuvo todo el día encerrado. No lo dejaban salir. Por dónde iba a bregar a salir ahí lo atajaban: rodeado de guerrilla. Y le decían: "ahora sí. Hasta que llegaron". Y tocó mandarle refuerzos para que lo sacaran de allá.

Otra diferencia es el tiempo de formación de nuestros combatientes: aquí los cursos son breves, se va al grano. Y se asciende por selección, de los grupos de apoyo, con un entrenamiento básico, hasta llegar a las tropas de asalto.

En el ejército se pierde tiempo en una serie de cosas que el soldado necesita saber, desde luego pero que no le sirven para la guerra (hacerlo honores al presidente). Nosotros enumera entrenamiento sacamos un tipo capacitado para la guerra. En eso, el ejército se demora seis meses.

Por la presión, los militares llegan y quieren dar de baja a cinco o seis guerrilleros, enfilar los cadáveres y tomarles fotos para repartírselas a la prensa y que los condecoran. Ellos quieren mostrarle resultados inmediatos a la opinión, pero no piensan en recuperar zonas, el liberar zonas de la guerrilla, en darle seguridad a la gente porque, además, donde patrullan y a veces combaten, se van y no vuelven.

Eso la guerra no significa nada. Así no se logra nada porque no se hacen tareas serias. Su sistema no tiene continuidad de las operaciones.

Mire: a aquí el ejército entra cada 10 meses o cada 10 años a una vereda, da de baja un guerrillero y se retira. No tienen la capacidad para repetir y repetir en la misma zona. Los comandantes militares que vienen le dicen a uno: " necesito qué me diga donde hay cinco guerrilleros para ir a darlos de baja". Yo les digo: "ustedes por aquí ya no encuentran cinco, porque donde han de cinco guerrilleros sólo en esta región, inmediatamente los cobremos nosotros y no los echamos al pico"

nuestro profesor ha sido la guerrilla. ¿Qué le hemos aprendido? Por ejemplo todo lo que es combate irregular. ¿Sabe quienes han sido nuestros instructores? Esa cantidad guerrilleros desacertados que están aquí con nosotros. Y, por otra parte, los combates contra ellos.

Por ejemplo nosotros hacemos reuniones cada vez que termina combate y analizamos sus estrategias y la efectividad de esas estrategias. No podemos desconocer que ello llevan 31 años en la guerra y que son los súper verracos de la guerra y que nosotros llevamos en esto, en esta región, dos años. Relativamente estamos en pañales y tenemos que aprender de ellos.

¿Aprender que? Cómo hacer las emboscadas, como hacer los hostigamientos, los desplazamientos en el monte, las tomas de objetivos.

Y ¿qué copiamos del ejército?

La disciplina, la organización de patrullas, organización de grupos de choque con pelotones. Trabajamos de cuatro escuadras: comandantes de escuadra, equipos de combate dentro de las escuadras y forma de operar cuando uno ya está detectado dentro del terreno enemigo.

domingo, julio 19, 2009

LA CACERIA DE DOBLECERO (TOMADO DE VERDAD ABIERTA.COM)

Por la pertinencia de su contenido, toda vez que ya se comienza a esclarecer la participacion del militarismo y del  pramilitarismo de estado,   Publicamos este articulo, ahora tomado de verdadabierta.com, y originalmente publicado en semana.com 

http://www.verdadabierta.com/web3/victimarios/los-jefes/3...

 

La Cacería de "Doblecero"

Las Auc - Jefes
Cerca de 2.000 hombres de cuatro grupos de autodefensas persiguen desde hace varias semanas al comandante del Bloque Metro y sus hombres para matarlos. ¿Qué desató esta guerra entre paramilitares?

La noticia llego con los desplazados. Ni el Ejército, ni la Policía, ni la Defensoría del Pueblo, ni ninguna entidad del gobierno sabían lo que está pasando desde hace dos semanas en el municipio de San Roque y sus alrededores, en el nororiente de Antioquia. El Estado y el resto del país se enteraron de lo que está ocurriendo, a escasos 108 kilómetros de Medellín, cuando más de 600 campesinos, 290 de ellos niños, escaparon de las veredas La Mora, Chorro Blanco, San Juan y El Táchira y llegaron el lunes pasado hasta el casco urbano de San Roque para salvar sus vidas. 

A comienzo de la semana el comandante de la Brigada 14 del Ejército, general Edgar Ceballos, dijo que desde el fin de semana pasado comenzó a movilizar tropas hacia la zona rural para recuperar el control y permitir el retorno de los labriegos. Aunque el Ejército llegó a la vía de entrada del municipio y creó un cordón de seguridad alrededor del pueblo, la petición de los campesinos a lo largo de la semana fue que los militares llegaran hasta la zona de los enfrentamientos a ponerle fin a los combates. A pesar de que la intensidad de la contienda descendió con el paso de los días, para el viernes pasado la cifra de desplazados llegó a 736 personas. 

Desde el pasado 15 de septiembre varias de las veredas que rodean ese municipio del noreste antioqueño se transformaron en el escenario de combates entre miembros de las autodefensas del Bloque Metro y fuerzas combinadas de cuatro facciones de paramilitares. Desde ese día cerca de 1.500 hombres de los bloques Cacique Nutibara, Calima, Mineros y Héroes de Tolová ingresaron a la región por la zona de Santo Domingo y Jaguas. Otros 500 hombres del Bloque Central Bolívar llegaron por el municipio de Caracolí para tratar de rodear a los cerca de 500 miembros del Metro (ver mapa). El objetivo de la ofensiva paramilitar es quitarle el territorio que le queda a ese bloque y, de paso, matar a su comandante. 

¿Y quien es el? 


Conocido con el alias de 'Rodrigo Franco' o 'Doble Cero', este hombre de 38 años de edad, el jefe del Bloque Metro es considerado como uno de los más veteranos miembros del movimiento paramilitar en el país. Su verdadero nombre es Carlos Mauricio García y en 1989, cuando era capitán del Ejército, abandonó su carrera militar para convertirse en el ayudante personal de Fidel Castaño Gil. Durante años fue su hombre de confianza y junto con Carlos y Vicente Castaño Gil hacen parte de los fundadores de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu). 

'Rodrigo' comenzó a operar en el noreste de Antioquia y a mediados de los años 90 empezó a expandir su presencia paramilitar hacia algunas zonas del área metropolitana de Medellín, especialmente en las comunas. Por medio del terror, de las muertes selectivas y las masacres se ganó un espacio a sangre y fuego. Sin embargo, desde 1998, cuando las AUC profundizaron su relación con el narcotráfico, comenzó a alejarse de la cúpula del movimiento para crear la que es considerada como una disidencia paramilitar. 

Públicamente 'Rodrigo' comenzó a cuestionar y a denunciar los vínculos de algunos comandantes de las AUC con el narcotráfico y a afirmar que él y sus hombres estaban en desacuerdo con relacionar el movimiento paramilitar con los narcos. Desde ese momento comenzó a tener los primeros roces con otros miembros de las autodefensas con estrechos lazos con la mafia, particularmente con 'Adolfo Paz', o 'Don Berna', el comandante del Bloque Cacique Nutibara, que también tenía presencia en Medellín. 

Las denuncias de 'Rodrigo' en contra de lo que denominó la "narcotización" de las autodefensas, y en especial sus reiterados ataques a 'Adolfo Paz', quien en el organigrama de las AUC funge como inspector general, le comenzaron a generar serias rivalidades. Estas terminaron desatando una guerra en las comunas de la capital paisa, la cual dejó decenas de muertos pertenecientes a los bloques Metro y Cacique Nutibara, y centenares de víctimas civiles. 

La relación de 'Rodrigo' con el resto de los bloques de los paramilitares se agravó aún más en septiembre del año pasado cuando declaró oficialmente que el Bloque Metro era una disidencia de las autodefensas. Esto ocurrió justo en un momento en el que Castaño y otros comandantes paras estaban tratando de consolidar y presentar ante la opinión pública a unas autodefensas reunificadas. Algo que no consiguieron. Durante los siguientes meses las relaciones no fueron las mejores y en la disputa territorial en Medellín con el Bloque Cacique Nutibara no encontró apoyo de otras estructuras de las autodefensas y terminó perdiendo con esta facción los espacios que había ganado. Pero su situación con las AUC no había llegado aún a su punto más crítico. 

En mayo de este año 'Rodrigo' y los hombres del Bloque Metro pasaron de ser considerados como un grupo de "rebeldes" a ser calificados abiertamente como enemigos por sus antiguos aliados. La razón fue la negativa de 'Rodrigo' a Carlos Castaño cuando éste le exigió entrar a la mesa de acercamientos con el gobierno nacional. 'Rodrigo' rechazó la idea y solicitó una mesa de conversaciones distinta con el argumento de que no se unirá a grupos que, según él, sólo les interesa el narcotráfico. 

La gota que rebosó la copa, y que parece ser una de las razones que explican la ofensiva a gran escala que se libra en su contra desde hace dos semanas en los alrededores de San Roque, tiene que ver con un nuevo y sorpresivo anuncio a finales de agosto pasado. En éste 'Rodrigo' expresa su intención de comenzar a negociar con el gobierno en una mesa paralela. Aunque la decisión del jefe para no fue comunicada oficialmente al alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, en una carta fechada el 19 de septiembre, conocida en San Roque el lunes pasado, 'Rodrigo' le ratifica al presidente Alvaro Uribe su voluntad de sentarse en una mesa de diálogo "diferente a la mesa del narcotráfico", en alusión a los grupos 'paras' que actualmente adelantan conversaciones con el gobierno nacional. 

La intención de negociar por separado cayó como un baldado de agua fría en las altas esferas de las AUC. Consideran que el propósito de 'Rodrigo' al intentar negociar no sólo es salvarse de una derrota militar, sino torpedear el proceso que adelantan ellos en otras mesas y atomizaría, aún más, la negociación. Para algunos de ellos el eventual ingreso de 'Rodrigo' y sus hombres a la negociación terminaría estableciendo una especie de división en dos grupos: el de los 'paras buenos', aquellos que no tienen vínculos con el narcotráfico, dentro de los que estaría 'Rodrigo', y los 'paras malos', aquellos con relaciones con los narcos, en donde están los demás. Las posibles consecuencias que este hecho acarrearía para el proceso es algo que algunos no están dispuestos a averiguar. Y por eso han decidido cortar de raíz el problema: eliminar a 'Rodrigo'.

Fecha: Sep 29, 2003-1117

Publicado en SEMANA

LA JUSTICIA LES  VA LLEGANDO A LOS VERDADEROS RESPONSABLES TAMBIEN, COMO PODRAN DARSE CUENTA USTEDES, ILUSTRISIMOS DOCTORES  DOCTOR LUIS CARLOS RESTREPO Y POR SUPUESTO  SU ILUSTRISIMO PATRÓN.................

Abren investigación contra los generales (r) Mario Montoya y Leonardo Gallego http://www.eltiempo.com/colombia/justicia/abren-investiga...