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  • LA VIOLENCIA EN EL ORIENTE ANTIOQUEÑO, UNA CRÓNICA.

    Corregimientos del Oriente Antioqueño - El Jordán

    Autor: Juan Alberto Gómez. 

     NOTA DEL EDITOR: Este articulo se reproduce sin contar con el consentimiento de su autor ni el de inforiente.com.  Ni el autor ni la citada fuente tienen que ver con este blog.   Se hace esta aclaración por respeto hacia los periodistas y para proteger su integridad fisica y moral que podria verse afectada o amenazada por fuerzas oscuras e intolerantes que desafortunadamente subsistenen Colombia-.

    viernes, 23 de mayo de 2008 tomado de Inforiente.com

     Crónica.

      Este territorio de Oriente antioqueño está lleno de espacios tranquilos, donde la vida transcurre sin mucha prisa, sin la congestión de los automóviles; bajo el abrigo de la abundante vegetación y con el arrullo de las aguas que corren libremente. Serían verdaderos paraísos a no ser por el abandono a que se les ha sometido históricamente y por el asentamiento de la guerra y otros factores de ilegalidad que aquel propicia.

     

    El Jordán es hijo del camino comercial más importante de Colombia durante las primeras décadas del sigloXIX. En el año de 1799, varios colonos decepcionados por la elección del sitio para la fundación de San Carlos, prefirieron buscar esta ruta que conducía el ingreso de la mercancía a la provincia de Antioquia. La mercancía llegaba por el Magdalena hasta Puerto Nare y de allí subía por el río Nare en pequeñas embarcaciones, llamadas champanes, hasta la bodega de Juntas, punto donde convergen el Nare y el Samaná Norte. En la bodega se depositaban los artículos destinados, principalmente, para las ciudades de Marinilla, Rionegro y Medellín. Al principio fueron los cargueros quienes remontaban la cordillera llevando sobre sus espaldas los efectos traídos de Cartagena, Mompós, Girón, Honda y Santafé de Bogotá; los silleteros, por su parte, cargaban a los propios dueños de la mercancía o a personajes de las clases altas de la época. Cargueros, silleteros y después arrieros hacían posada en el lugar denominado Canoas, llamado así por las canoas de madera dispuestas para alimentar mulas y bueyes. El nombre de Canoas se cambió por el de El Jordán por medio del acuerdo 10 emitido por el concejo de San Carlos el 4 de mayo de 1914.Canoas se abría como un oasis para el viajero que venía de Juntas o de las bodegas Remolinos e Islitas que se construyeron más abajo por el mismo río Nare. El esfuerzo de trepar por la cordillera desde el cañón del río subiendo las inclinadas cuestas de Guadualito y La Ciénaga, se convertía en ansiedad al divisar el poblado que se insinuaba desde varios kilómetros antes de arribar. El camino más abierto y ondulado que aquel con canalones, lodo y cascajo dejado atrás, se convierte en señal de un lugar propicio para descansar. Así lo sintió el teniente y diplomático sueco Kart August Gosselman el 23 de febrero de 1826 cuando describió su periplo por el camino de Juntas en su libro Viajes por Colombia:  Alrededor de las cuatro de la tarde divisamos el pueblo de Canoas, situado en un flanco de montaña cubierto de yerba fresca y verde a cuyos pies corría un riachuelo, que presentaba un grato aspecto a la vista ; Al contemplarle, se notaba  una belleza tranquila en medio de un impresionante y fresco verdor ; El aire mucho más agradable convertía en pesadilla la anterior vivencia ; Por su parte el pueblo se encarga, con su aspecto, de formular una grata invitación al forastero, como premiando todos los pasos que hubo de dar para alcanzar tamaño. La primera o segunda jornada del camino del Nare se cerraba en Canoas, hoy Jordán. Su origen de estación del camino lo caracterizó como pueblo de arrieros, fondas y posadas. Fue de tal modo consubstancial al camino que una solicitud del vecindario de la localidad elevada a la Junta Superior Provincial en 1811, para que se le conceda a sus habitantes ocho o nueve leguas de tierra, tuvo como respuesta la concesión de la mitad de lo solicitado con la obligación de mantener el camino a Juntas y seguir siendo abrigo del transeúnte a la entrada de la provincia;

    Después de la independencia de Colombia en la segunda década del siglo XIX, viajeros de todas las pelambres, incluyendo suecos, ingleses y franceses, pernoctaron en Canoas. El gobierno estimuló la llegada de inversionistas, científicos y diplomáticos europeos distintos a los españoles con el fin de que exploraran las posibilidades de estas regiones. Las prósperas minas de oro de la provincia eran capitalizadas por habitantes de Rionegro y Medellín quienes lograban así ampliar su espectro de consumo y fortalecer su capacidad comercial. Los extranjeros tenían, por lo tanto, a la provincia de Antioquia como uno de los puntos de sus visitas, en razón a que además se estaban produciendo avances en la explotación de las minas de veta que los ricos mineros antioqueños deseaban incorporar. El intenso flujo por al camino del Nare llegó a hacer de Canoas uno de los sitios más significativos del intercambio mercantil en el país. Así como un puerto depende de los barcos, esa especie de puerto en tierra que era Canoas dependía del movimiento de recuas y caminantes. La misma fluctuación de aquel movimiento pareció comunicarse a su vida civil y política en forma de cambios frecuentes en su categoría. Pasó de tener el nivel de poblaciones como Cocorná, Vahos (Granada) y Guatapé, a terminar suprimido como distrito y agregado al municipio de San Carlos en diciembre de 1877.

    Su parroquia llegó a abarcar un extenso territorio que incluía al actual San Rafael; pero en 1880 perdió también esa categoría por ser incongrua; es decir, por no contar con la renta mínima para su sostenimiento. Con lapaulatina decadencia del llamado camino de Islitas, debido al avance del ferrocarril que llegó a la vecina población de  Caracolí en 1897, el poblado de Canoas también decayó. Entonces los arrieros de esta parte del oriente desembocabanen la estación del tren para llevar maíz, fríjol, panela, yuca, plátano, café y para traer telas, cacharros, drogas y abarrotes. La vía férrea se erigió como el nuevo eje del comercio. Con el tiempo, la tradición de la arriería y comercio de Jordán también supo aprovechar las nuevas rutas. Aumentó el cultivo de productos como el maíz, café y fríjol para sacar a la estación del tren. En Caracolí, incluso, se instalaron y prosperaron jordaneños. Un concejal de Caracolí, por ejemplo, reseña en sus coplas a los Gómez venidos de Jordán:

    Llegaron unos tras otros/

    Con cara de yo no fui/

    Y tomaron posesión/

    De todo Caracolí//.

    Tienen de todo en el pueblo/

    negocios en general/

    secretaria en la parroquia/

    y en el pueblo unconcejal.

     

    Fue precisamente en Caracolí donde se fraguó la broma del cura falso. Cuenta la historia local que dos piadosas señoras de Jordán acostumbraban vender huevos en Caracolí. Por boca de ellas, el peluquero se enteró del anhelo de los habitantes del Jordán por volver a contar con un cura permanente. Entonces el peluquero se confabuló con dos personas más para proponerle a un señor, en quien habían notado cierta chifladura mística, que se fuera de sacerdote a Jordán. La preparación incluyó confección de sotana y corte de tonsura. El falso sacerdote hizo su entrada triunfal a Jordán el 31 de enero de 1918 y sólo fue descubierto al díasiguiente por los titubeos con que celebró la eucaristía: ¡que me lleve el diablo si este es cura y si esto fue misa!   dicen que así gritó el sacristán enfurecido al término de la inusual y atropellada ceremonia. El falso cura fue descubierto y llevado preso a San Carlos y luego a Medellín. Salió libre por locura.La historia del cura falso puede servir de antecedente para enfatizar la alegría que sintieron en Jordán cuando se dio por fin la segunda erección de la parroquia. Tuvo lugar en 1937 y está ligada a los nombres de los sacerdotes Martiniano Velásquez y Misael López. A ellos les correspondió algo así como la refundación del lugar. El padre Velásquez gestionó la nueva erección, y el padre López fue, prácticamente, su primer párroco. El ardor apostólico del padre Misael López se evidenció con la fundación de la casa de las hermanas Teresitas, congregación que nació y se multiplicó, a su vez, a instancias del obispo de Santa Rosa de Osos, Miguel Ángel Builes. López era un fiel seguidor del polémico obispo, quien con sus escritos pastorales declaraba su celo conservador y su abominación por el comunismo y el ateísmo, encarnado, para él, en el partido liberal. En Jordán,de mayoría conservadora, tampoco faltan las leyendas de la violencia partidista. Se recuerdan nombres de pájaros, es decir, pistoleros y bandidos conservadores dedicados a cazar liberales. Cacao, Mensajero, Cacha, Chupahuevo, Pájaro Azul, Vampiro, El Rayo, Tominejo, Pecho’e lata, El Hachero y Centella dejaron su estela de muerte y fanatismo por los campos de la región. No pocas veces acusaron al padre López de ser complaciente con los pájaros, también llamados contrachusma. Un viejo líder político del Jordán recuerda que “El padre Misael era muy sectario, aborrecía mucho los liberales, por eso lo trasladaron; dijeron que le había dado una carabina a Cacao y por eso lo metieron a la cárcel; dicen que cuando estaba en la cárcel él redactó un libro que se llama: ;Un sacerdote, el Frente Nacional y siete demonios;. El padre López siempre se defendió de las acusaciones explicando cómo entre los años 51 al 53 asesinaron por miles en Caracolí mientras él defendía de la muerte a su parroquia; ynque entre marzo de 1960 y mayo de 1962 asesinaron 26 personas en San Carlos pero sólo una en su parroquia. Pese a todo, el padre López tuvo que salir el 27 de mayo de 1962, en medio de 120 soldados, acusado de patrocinar bandoleros conservadores. López salió libre, pero el obispo le dio la orden de no regresar a Jordán. Los 18 años del padre Misael López como párroco de Jordán también son recordados porque significó la llegada de la luz eléctrica. La planta generadora fue adquirida por el sacerdote a la francesa María Luisa Dullac, dueña de una mina de veta en la vereda Camelias del municipio de San Rafael ubicada a 35 kilómetros del corregimiento. El cierre de la mina provocada por la dificultad de traer maquinaria desde Europa, incendiada con la segunda guerra mundial, dejó cesante la planta por la que el párroco pagó diez mil pesos. Setenta y dos personas la transportaron en un recorrido largo y penoso atravesando montes y quebradas hasta la vereda Llanadas donde se instaló. El 8 de abril de 1948 a las once de la noche se encendieron los bombillos. Hubo repiques de campanas, banda de músicos y ovaciones. Al día siguiente la novedad de la radio los sorprendió con la noticia del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y los acontecimientos del Bogotazo.

     

    Años después de que los habitantes de Jordán se maravillaron con la luz eléctrica, la generación de energía volvió a transformar la vida cotidiana del corregimiento. Durante las décadas del 70 y el 80 se construyó el gran sistema hidroeléctrico nacional en el Oriente Antioqueño, uno de cuyas principales embalses y centrales se ubicó en el área de influencia del corregimiento El Jordán. Como centro poblado más importante del sector, concentró la avalancha de  obreros, operarios e ingenieros que trabajaron en la construcción del embalse Punchiná y de la Central San Carlos en la

    vereda Juanes. Cientos de personas nuevas y de campesinos convertidos en obreros llenaron las calles de El Jordán.

    Y allí también hoy se repite la queja que como una letanía se escucha en los pueblos del oriente en los que más se sintió el impacto de las hidroeléctricas. Una época convulsa que tiene en las palabras del presbítero Juan Francisco Hoyos  Ossa la versión local de lo que se dice con diferentes palabras en pueblos como San Carlos, San Rafael, Guatapé y El Peñol: en ese tiempo ;dice el sacerdote- El Jordán padeció la deletérea influencia de las obras del progreso material que llega siempre acompañado de enormes problemas morales y sociales;. Aunque reconoce que el dinero trajo algunos beneficios como el acueducto, el hospital y el cementerio, sostiene que  le quedan también muchas secuelas negativas: vida familiar desintegrada, desempleo creciente, desadaptación de muchos campesinos a las labores agrícolas, presencia de vicios traídos durante la migración temporal de trabajadores, desmedro de algunas fuentes de la economía como la pesca.

    Wilmer Zapata, líder político del Jordán, corrobora el sentimiento general que les dejó el paso de las compañías señalando que lo de las compañías fue bueno porque vino trabajo y todo eso. Pero también llegó la prostitución, gente mala, vicios ; Esto era lleno de gente; aquí había de todo. Cientos de obreros trabajando día y noche.

    Si bien, en una escala menor de aquellas épocas, la central hidroeléctrica San Carlos sigue siendo el mayor generador de empleo con un número que oscila entre 100 a 200 personas, entre los que se cuentan los empleos permanentes y los que se generan en mano de obra no calificada según los requerimientos eventuales de personal.

    Con la terminación de las obras en 1988, muchos campesinos, acostumbrados al salario de las compañías, no regresaron a las labores agrícolas. El empleo masivo que se generó durante las obras implantó una cultura laboral del salario y la reducción del cultivo de la tierra. Jordán pasó de abastecedor de productos agrícolas a comprador de los mismos para atender la demanda. Por otro lado, la guerrilla de las FARC se fortaleció política y militarmente. El frente noveno de esa organización y luego las autodefensas que se oponían al abigeato y a la extorsión, protagonizaron otra era de violencia.

     

     En una legendaria finca de la vereda Tinajas denominada La LLore, durante aquellos años 70 y 80, crecía Carlos Mauricio García Fernández. Su abuelo y dueño de la finca Justo Fernández se le consideró entre los hombres más ricos de la región. La LLore aún es recordada por los más ancianos como el lugar en el que grandes peonadas abrían montaña para sembrar maíz, fríjol y caña. Los terrenos ya cultivados se convertían en pastizales para ganadería.

    La LLore se constituyó en fuente de empleo y en escuela de trabajo agrícola y ganadero. Los más jóvenes tuvieron en La LLore el sitio perfecto para demostrar su fuerza de trabajo y para apresurar su bautismo de hombría. Aunque nacido en Medellín, Carlos Mauricio frecuentaba La LLore y fue testigo de excepción de una época en El Jordán y sus veredas de influencia. Cada vez que sus estudios en el tradicional colegio San Ignacio de Loyola en Medellín se lo permitían, se iba para La LLore. En cazar y caminar por los montes se le pasaba el tiempo en la finca de su abuelo. Con su temperamento de ideas absolutas estableció un fuerte vínculo con el territorio, que se hizo evidente años después cuando se convirtió en el comandante Rodrigo Franco o Doble Cero, uno de los fundadores de las Autodefensas Unidas de Colombia y jefe del Bloque Metro.Luego de una destacada carrera militar que incluyó cursos de contraguerrilla en Estados Unidos y Colombia, García Fernández se retiró del ejército en 1988 y trabajó con Fidel y Carlos Castaño en las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. Integró la organización de los llamados PEPES, o perseguidos por Pablo Escobar, que desmembró la estructura del capo de las drogas. Rodrigo o Doble Cero, como se hizo llamar, le imprimió el carácter militar a las autodefensas. En asocio con algunos sectores de la fuerza pública expulsaron la guerrilla de Urabá con métodos de guerra irregular como masacres, desplazamientos y desapariciones de líderes considerados base política de la subversión. Paulatinamente tales métodos y grupos se expandieron por todo el país o establecieron alianzas con otras fuerzas paramilitares o de autodefensa con el argumento del combate a la subversión hasta culminar en abril de 1997 con lo que se denominó las Autodefensas Unidas de Colombia. La entrada de las autodefensas al corregimiento de Jordán y a la zona de los embalses, se produjo en los mismos años 97 y 98. Dos hechos de muerte marcaron la agudización de la violencia en Jordán. Primero fue el asesinato en el mes de septiembre de 1997, dos meses antes de la elección popular de alcaldes, del concejal y presidente de la junta de Acción Comunal Elicio Muñoz y el candidato a la alcaldía de San Carlos Ricardo Jiménez. Después, el 23 de marzo de 1998, la muerte de los cuatro labriegos Leonel Ciro, Darío Castrillón, Alberto González y Juan Agudelo, y de la profesora Rosmira Jiménez, maestra reconocida como líder comunitaria de la localidad.Sin lugar a dudas que Ricardo iba a ser alcalde de San Carlos, declara un conocedor de la vida política del Jordán y agrega que ;eso desató una violencia tremenda; subieron unos grupos armados a ajusticiar a la gente y esto se volvió un conflicto como hubo por todo el país. La gente se comenzó a desplazar, comenzaron las masacres; la zozobra, el miedo de la población; de la gente campesina, de la gente del pueblo; aquí escuchábamos un carro, tipo nueve o diez de la noche y a la gente le daban ganas de correr por las huertas... El pueblo se bajó: no se veía gente, unos se fueron, otros salieron desplazados, otros abandonaron las fincas, a otros los hicieron ir. Vino un atraso en lo social, en lo económico y en lo político;.  Denominados primero como Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, los paramilitares emprendieron la ofensiva contra la guerrilla, principalmente del noveno frente de las FARC. Se inició un contrapunteo atroz de ataques y retaliaciones. Masacres y desapariciones de lado y lado; tomas casi alternadas del municipio de San Carlos, incursiones de muerte en las veredas de influencia de uno y otro grupo; atentados contra las centrales hidroeléctricas de Guatapé, Jaguas y Calderas, así como contra las torres de conducción por parte de la guerrilla.(1) Las carreteras de San Carlos y San Rafael se transformaron en rutas de penitencia para los pasajeros que sentían la muerte acechando en cada curva.

    Los sitios de Pisky en la vereda Agualinda se señalaban como fronteras infernales; allí se cruzaban las carreteras para El Jordán y San Rafael y también las balas de uno y otro bando. La carretera al Jordán era vista como el túnel hacia la extinción porque reseñaban al corregimiento como el punto en que se hallaba la principal base de los paramilitares.

    Los nombres de jefes como Diablo Rojo en San Rafael, Parmenio en San Carlos y Castañeda en El Jordán suscitaban temor en los habitantes. Los que no se pudieron ir de El Jordán se vieron obligados a vivir en medio del control y la presencia de las autodefensas. Doble Cero siempre estaba hablando de un movimiento antisubversivo que no transigiera con el narcotráfico. Su estricta prohibición al derribamiento de árboles y a la siembra de coca, la disciplina militar que imponía y el placer que decía sentir al caminar por los bosques del Jordán, así como su apego fervoroso por la vieja finca familiar de La LLore, involucraban más a su persona que al propio experto militar que era. En una conversación que sostuvo con un comerciante de la región, Doble Cero le expuso que el gran problema de la guerra en el Oriente Antioqueño radicaba en que la mayoría de los contendientes salían de la misma región. Explicaba que eso hacía más difícil el conflicto; por los sentimientos territoriales y familiares que se ponían en juego. En el oriente muchos de los paramilitares y guerrilleros se reconocían con sus parentescos y sus lugares de origen, y en no pocas ocasiones quisieron resolver venganzas personales y dolores de patria chica vinculándose a las organizaciones armadas. Desde el corregimiento Cristales en el municipio de San Roque y las veredas El Ingenio y San Julián en San Rafael, hasta El Jordán y la cabecera de San Carlos; pasando luego por Granada, Santuario, Marinilla, El Peñol, Guatapé, San Vicente, Concepción y Alejandría, Doble Cero logró afianzar una tenaza que apretó los principales corredores estratégicos de la guerrilla en la subregión de Embalses.  Sin embargo, su oposición al proceso de paz entre el gobierno Álvaro Uribe con las Auc, por considerar que estas se sometieron al poder del narcotráfico, lo llevó a una guerra suicida con el resto de autodefensas en las que el bloque Cacique Nutibara de Don Berna imponía su autoridad. En El Jordán, la estocada al bloque Metro se produjo con la incursión al corregimiento de más de 200 autodefensas del Bloque Cacique Nutibara el 2 de septiembre del 2003. Ése día los que no se enfrentaron y murieron como alias Culebro, se rindieron al nuevo patrón.

    Según el propio Doble Cero, el enfrentamiento durante finales del 2002 y el año 2003 contra lo que denominó escuadrones paramilitares al servicio del narcotráfico ; provocó más de mil muertos en Amalfi, La Ceja, Santa Bárbara, Segovia, Santuario, Santo Domingo, Yalí y, finalmente, en sus zonas de repliegue y asentamiento de Cristales (San Roque) y El Jordán (San Carlos).Carlos Mauricio García Fernández, alias Rodrigo Franco o Doble Cero, fundador al lado de Fidel y Carlos Castaño de las autodefensas Unidas de Colombia, y quien también sembró muerte y terror en el Oriente Antioqueño, terminó sus días huyendo del asedio de las propias Auc, criticando el proceso de paz y al narcotráfico que allí se filtró, hasta caer asesinado el 29 de mayo de 2004, un mes después del asesinato de Carlos Castaño.

     

    La sombra de Doble Cero se verifica actualmente en las fosas que se han ubicado. Aunque la modalidad habitual en la zona para deshacerse de los cuerpos era arrojarlos a los ríos y las represas, el CTI de la fiscalía exhumó tres cuerpos en julio del 2007 en las veredas de La Holanda, La Luz y Llanadas, y dos cuerpos más en la vereda Tinajas en febrero de 2008. Se presume la existencia de otras fosas en las cercanías de Jordán y la vereda El Cerro, y hay voluntad del  organismo para que en Jordán las verdades no sigan sepultadas. Pero eso también dependerá de la confesión de los desmovilizados que conozcan los sitios de las fosas. No obstante, la responsabilidad del Bloque Metro de las autodefensas todavía no se encuentra resuelto dentro del marco de la ley de Justicia y Paz, pues este bloque se marginó del proceso de negociación con el gobierno.

     

    Luego de los años más oscuros de la violencia y la desmovilización de las autodefensas, los 1.150 habitantes del corregimiento El Jordán y los casi 1.600 que habitan las 10 veredas que

    conforman su núcleo zonal, se esfuerzan por aprender de un pasado glorioso de gestas de arrieros y de hombres emprendedores. Aún quedan sectores veredales poco habitados como La Cascada, El Tigre y Llanadas y una latencia del conflicto por la actividad esporádica del noveno frente, pero confían en que los sucesos demenciales de años pasados no se repitan. Aunque conozca poco de la historia, cualquier persona en El Jordán le dirá, por lo menos, que el corregimiento es muy antiguo y que alcanzó a ser municipio por un año. Lo cual es cierto. No sólo nació en 1800, por la

    misma época de los pueblos viejos del oriente como Marinilla, El Peñol, Concepción, San Carlos, Guatapé y Granada, sino que entre enero de 1993 y marzo de 1994 estuvo erigido como municipalidad, pero el acto administrativo que dio origen a su creación fue derogado por razones de funcionamiento.

    Hoy día, aún se ondean aspiraciones de independencia del corregimiento. Algunos estiman que Jordán recibiría una buena porción de las transferencias que Isagen entrega al municipio de San Carlos por generación de energía. En el 2007 San Carlos recibió 6 mil 341 millones por este concepto. Sería aventurado fijar con precisión el monto que correspondería a Jordán porque dependería de los límites territoriales que se establecieran para la nueva jurisdicción. En todo caso, es poco fundado el argumento de que la mayor parte de las transferencias municipales provienen del área del Jordán. El aporte en cuencas, es decir en aguas para los embalses, y en territorio inundado, seguiría siendo muy superior para San Carlos si a Jordán se le diera la categoría de municipio, a pesar de que la central San Carlos, ubicada a seis kilómetros, es la de mayor generación en el país con 1.240 megavatios.Con todo eso, más de doscientos años y el aire señorial de los viejos balcones que se asoman al parque, parece lógico que Jordán haya pretendido en algún momento ser municipio. Pero acercarse a su historia permite comprender que el camino del Nare que le dio vida, es tan sinuoso como los episodios que ha debido superar. Jordán es una encarnación viva de los caminos del oriente que atraviesan cumbres, abismos y valles para llegar al lugar acogedor donde reparar fuerzas y continuar. Visto desde las afueras todavía sigue provocando emociones afines a las que colmaron a Gosselman cuando lo contempló por primera vez y lo estimularon para declarar: ;Cada vez que un viajero contemple este paisaje debe sentir algo parecido a lo que yonestaba sintiendo. “Todo se me hacía magnífico”

     

     

    Oriente Antioqueño

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